Una banca a prueba de corridas

Tras el colapso, hubo visiones optimistas y pesimistas sobre el futuro del sistema financiero. A falta de normas concretas, se está dividiendo en banca transaccional y banca de inversión

El derrumbe de la convertibilidad dejó una amarga lección sobre la vulnerabilidad del sistema financiero. Vía el multiplicador bancario, se crearon pesos convertibles a dólares, subestimando una crisis sistémica en la cual los dólares de los créditos otorgados no iban a estar a tiempo para cancelar la deuda en dólares con los depositantes. Las reservas necesarias para comprar la base monetaria eran insuficientes para soportar una corrida masiva de depósitos. La tarea de reconstruir el sistema financiero argentino está pendiente y la recomposición del crédito aguarda.

A falta de normas concretas, empieza a insinuarse una banca transaccional con alta liquidez y escaso crédito, y fondos fiduciarios que canalizan ahorro a proyectos de inversión que permiten securitizar los flujos. ¿No nos estaremos encaminando en los hechos a una banca transaccional y una banca de inversión que separan las funciones de moneda y crédito?

Después del colapso bancario argentino hubo dos visiones extremas sobre su futura recomposición. Un conocido economista usó la metáfora de que todos los sicilianos vuelven a construir en las inmediaciones del Etna pasado un tiempo de la erupción volcánica y el terremoto. El sistema financiero argentino volvería a reconstituirse bajo las bases actuales de encajes fraccionados. La visión pesimista, haciendo énfasis en el daño institucional producido, proponía legalizar una banca off-shore.

Adherí a la visión intermedia, que proponía una división operativa de la banca, en banca transaccional y banca de inversión. La banca transaccional con depósitos a la vista y caja de ahorro mantendría requisitos de alta liquidez, invirtiendo en una cartera que eliminara de cuajo el riesgo de futuras corridas. La banca de inversión, para canalizar ahorros al crédito doméstico, calzando vencimientos de activos y pasivos.

La aproximación al narrow banking aparecía más sólida frente a la realidad de los flujos de capitales volátiles (y su impacto en la expansión y contracción de la base monetaria), y más idónea para reconstruir la confianza perdida.

Una investigación internacional reciente sobre el tema (Remedy for Banking Crises: What Chicago and Islam have in commom. Valeriano F. García, Vicente Fretes Cibils, Rodolfo Maino) promete generar un intenso debate. Los autores abordan la inestabilidad intrínseca del sistema financiero de encajes fraccionarios (descalce entre activos y pasivos bancarios) y observan que el prestamista de última instancia poco puede hacer en un contexto de economía emergente expuesta a movimientos abruptos de entrada y salida de capitales.

Los remedios por el lado regulatorio y de seguro de los depósitos pueden postergar un colapso, pero encarecen el crédito y potencian el riesgo moral. Estudian la experiencia de la banca islámica, donde para superar la prohibición del cobro de intereses los depositantes se transforman en una especie de accionista de los bancos. Participan de las pérdidas y de las ganancias de la institución, que a su vez coloca los fondos en proyectos de inversión en los que se asocia a riesgo. El modelo de narrow banking teórico, asimila el sistema financiero a una especie de gran fondo fiduciario donde los depositantes actúan como cuotapartistas. Hay depósitos totalmente seguros por los cuales reciben un título libre de riesgo que casi no paga interés, y hay otros donde reciben un título que los obliga a compartir el riesgo del crédito con el banco (que presta los fondos pero sin asociarse al proyecto). En algunas operaciones el banco está obligado a mantener una reserva del 100% y en otras opera como banca de inversión. El sistema financiero deja de crear moneda (vía multiplicador), y se calzan los flujos de activos y pasivos bancarios. El diseño asegura un mejor manejo de la base monetaria, brinda solidez institucional en un mundo de capitales volátiles, y consolida la confianza de largo plazo, es decir, el crédito. Del modelo puro a las variantes de implementación práctica hay alternativas intermedias. Por ejemplo, una banca transaccional con altos requisitos de liquidez, y una banca de inversión que canalice el crédito a la inversión productiva. La reconstrucción del sistema financiero aguarda.



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