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Un mercado que se enchufa a la naturaleza

Los players ya se mueven para no quedar afuera de un negocio seductor. Las reglas de juego y las condiciones para producir energía limpia según cada tecnología.

Un mercado que se enchufa a la naturaleza

Un momento histórico. Una oportunidad increíble. La Argentina, el tercer mercado energético de América latina, pero de los más atrasados en la provisión eléctrica a partir de fuentes renovables, pica en punta en el interés de inversores locales y extranjeros con la sanción, reglamentación y ejecución de un marco normativo confiable para empezar a crear energía limpia y amigable con el ambiente.

Como ocurre en los mercados de riesgo, poco o nada puede hacerse sin una política activa del Estado, que pone metas, las mide y las controla. Que ofrece garantías y seguridad jurídica a las inversiones. Los players han reaccionado con optimismo a la Ley 27.191, que estableció la ambiciosa meta de contar en 2017 con un 8% de matriz eléctrica renovable y elevar esa porción al 20% de la red nacional para 2025, lo que implicará inyectar 10.000 MW a la matriz en menos de 10 años.

Las señales de la política económica seducen. Así ocurrió desde la reglamentación y la creación del Foder, el fondo fiduciario para preservar el capital de los inversores, y la búsqueda de garantías con el Banco Mundial. Más ahora, se reforzó la confianza con el lanzamiento del Programa RenovAr, el sistema de licitaciones que en su primera etapa adjudicará proyectos para un mix de tecnologías.

A través del prepliego entregado a la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa), trascendió que el Gobierno tiene interés de lanzar 1.000 megavatios (MW) para proyectos de energía eólica, solar, biomasa y mini-hidroeléctrica - es decir, con potencia menor a 50 MW-.

Tras las consultas abiertas por la Subsecretaría de Energías Renovables, se espera que los pliegos definitivos salgan a la calle este mes o en julio . Y, mientras se decide la partida, los jugadores ya elaboran su estrategia para no quedar afuera.

Marcelo Álvarez, presidente de la Cámara Argentina de Energías Renovables (Cader), es optimista y cauto al respecto. El número uno de la entidad sostiene que se está "a las puertas de un posible cambio de escala" en la matriz eléctrica argentina. "Venimos del modelo de energy delivery, que subsidia energía que no tenemos para que sea quemada y utilizada en forma ineficiente, a cualquier costo y de cualquier manera", diagnosticaba Álvarez, días atrás, durante una charla con empresarios europeos vinculados al sector.

Cader presentó a las autoridades nacionales un informe en el que pronosticaba cuatro años de déficit energético en materia de oferta, problemas de distribución y una disyuntiva por resolver: seguir agregando más energía de origen fósil o apostar por lo renovable, que -luego de un fuerte desembolso- resulta más barato, más previsible y más sano, según Álvarez.

"Las renovables generan más trabajo por unidad de potencia instalada y de energía inyectada, y permiten desarrollar economías regionales con un marco regulatorio inteligente; sacan menos dólares del sistema pese a la importación de los bienes de capital necesarios para la primera parte de la curva de crecimiento, y fomentan el desarrollo de componentes nacionales para estas tecnologías", resume este ejecutivo de ejecutivo de Aldar, una compañía argentina que ofrece sistemas solares fotovoltaicos y térmicos, y tiene oficians en Buenos Aires y Mendoza .

Sector por sector

Si de tecnologías se trata, la energía eólica será protagonista de esta primera etapa de licitaciones públicas, con unos 600 MW por licitar. En este campo ya hay actores en movimiento desde hace años, con parques instalados y volcando energía al Sistema Argentino de Interconexión (SADI).

De hecho, el contexto internacional no puede ser mejor: la Argentina presenta los mejores atractivos del continente y las condiciones naturales son inigualables. La Patagonia es la única región con tierra firme entre los paralelos 40° y 50° de latitud sur, y allí corren vientos constantes que ofrecen condiciones únicas y solo comparables con los vientos que soplan en algunas islas del Mar del Norte, que baña las costas de Noruega, Suecia, Dinamarca y Alemania.

Pero los costos de instalación son altos. Se estima que cada megawatt instalado requiere un capital cercano a los u$s 2 millones. Otros hablan de u$s 1,6 millón. Para Nicolás Eliaschev, socio abogado del estudio Tavarone, Rovelli, Salim & Miani, los precios de licitaciones tienden a bajar y, una vez que los inversores van tomando el pulso, empieza a ver escala y track record. "Gran parte del costo actual está previsto por el riesgo país.

Difícilmente podamos comparar a la Argentina con otros países con más inversión, y la gran duda es qué tasas de financiamiento tendrá el país", sostiene este especialista en el marco regulatorio de la energía. En América latina, muchos países construyeron sus granjas eólicas con tasas del 5%, del 4% o del 3%.

Erico Spinadel, presidente de la Asociación Argentina de Energía Eólica (AAEE), pone el foco en el tendido de los tramos de vinculación a la red, que cuestan hasta u$s 300.000 por kilómetro. Spinadel también le pone número al impacto en el empleo: "Según la World Wind Energy Association, en países similares a la Argentina, cada megawatt instalado supone unos seis puestos de trabajo directos y unos 30 indirectos".

Los primeros necesitados de mano de obra serán los constructores de aerogeneradores. Actualmente hay varios proveedores nacionales de turbinas (IMPSA Wind, NRG Patagonia o INVAP) y varios actores internacionales con ganas de tomar mercado: Siemens Wind Power, Vestas, Gamesa, Goldwind y GE.

La energía solar fotovoltaica y térmica no es para desdeñar. En los últimos años alcanzó viabilidad económica y sus costos van a la baja. Para Cader, las regiones cordilleranas y precordilleranas poseen buenos niveles de radiación, un factor de capacidad alto, lotes accesibles y suficientes puntos de conexión a la red. Se esperan licitaciones por 300 MW, un 30% de la primera oferta.

En este campo, los privados podrían tardar en sellar acuerdos hasta después de la Ronda 2 del RenovAr, esperando que los costos de generación sigan a la baja. Se estima que en la actualidad, la energía solar fotovoltaica tendrá un costo de u$s 1,5 millón por megawatt de potencia inyectado a la red.

Entre los más avanzados en este campo está 360 Energy, liderada por Alejandro Ivanissevich, que hoy opera el parque solar fotovoltaico más grande del país, ubicado en San Juan. La empresa guarda proyectos por más de 900 MW, por lo que planea competir de lleno en las licitaciones que se abrirán pronto. Además, ha lanzado ofertas para grandes usuarios del sector privado.

Combustible verde

La biomasa, en tanto, ha sido el primer y el principal combustible empleado por el hombre hasta la revolución industrial. Su uso declinó con la sustitución por el carbón, pero hoy vuelve a aparecer con fuerza, no con un uso popular, pero sí aplicada a industrias. El aprovechamiento del bagazo de caña de azúcar es significativo como combustible para las calderas de los ingenios azucareros. De igual modo ocurre con las plantaciones de eucaliptus para la fabricación de carbón vegetal.

En algunos casos, este combustible permite prácticamente la autosuficiencia energética de estas industrias. También otros residuos agroindustriales permiten un uso térmico o eléctrico. De hecho, el gas metano capturado en rellenos sanitarios puede volcarse a la generación eléctrica, y hasta se puede producir biogás con los desperdicios de animales de tambos.

En el país ya hay empresas que ofrecen gasificadores para convertir la materia por medio de la combustión parcial, que genera hidrógeno y monóxido de carbono. José María Méndez, Marcos Bragachini y Diego Mathier, vinculados al Programa Nacional de Agroindustria y Agregado de Valor de INTA (PnaiyAv), confían en el potencial telúrico y la posibilidad de abastecer regiones sin llegada del tendido nacional.

"Tenemos muchas posibilidades aprovechando los residuos sólidos urbanos, industriales o pecuarios. Incluso pueden adaptarse cultivos destinados a la generación de bioenergía", comentan los ingenieros. A pedido de Energías Renovables, los especialistas detallan que las alternativas de uso dependen de los residuos disponibles y los volúmenes.

En establecimientos pecuarios o agropecuarios es posible la creación de biogás a partir de las excretas o residuos de animales y plantas. Y destacan que en Santa Fe, la industria láctea evalúa seriamente desarrollar proyectos para autoconsumo. "También es factible volcar bioenergía a la red", subrayan.

Las subastas públicas, según informó Cammesa, rondarán los 65 MW de biomasa, que incluye una variedad de componentes vegetales o animales que por medio de la gasificación y/o incineración pueden aprovecharse como energía. Otros 15 MW serán para proyectos de biogás obtenido a partir de la descomposición orgánica de los mismos materiales. Un 2% (20 MW) se repartirán entre proyectos de pequeño abastecimiento hidráulico (PAH), la última tecnología por licitar en el RenovAr.

El puntapié de un mercado promisorio está en manos del Estado. Pero otro igual de importante se está gestando entre privados, donde son protagonistas de la demanda aquellas empresas consideradas "grandes consumidores". Según la Asociación de Grandes Usuarios de Energía Eléctrica de la República Argentina (Agueera), hay más de 7.500 particulares en esta condición, que juntan un 32% de la demanda eléctrica nacional.

Estos consumidores podrán autogenerar, firmar contratos con un generador, comercializador o distribuidora, o comprar por defecto a Cammesa. Pero fuera de las acciones de grandes compañías, los grandes consumidores esperarán a ver qué pasan con los precios. "Esperamos que esto sea así para alcanzar un abastecimiento seguro y a precios competitivos para la actividad industrial", comentaron desde la entidad.

El pronóstico de sus cuadros técnicos es que se abra un período de consultas para la autogeneración (posible, por ejemplo, a partir de biomasa, en aquellas industrias donde el insumo sea un subproducto o un residuo de la producción) o bien para la adquisición mejores precios a privados o a Cammesa.

"En caso que el mercado eléctrico tienda hacia una contractualización -relataron a este medio- y en la medida que existan multiplicidad de oferentes y demandantes, posiblemente tome un nuevo impulso el rol que cumplen los comercializadores de energía, que deberían hacer más sencilla y barata la provisión de energía".

La Argentina vive una fiebre de anuncios, racionado por goteos por la administración nacional, con tal de paliar también los efectos colaterales del cambio de política económica. En el sector de las energías renovables, los especialistas evalúan que "se están haciendo las cosas bien", pero piden cautela para no correr detrás de un sueño idílico como el que se gestó con Vaca Muerta. De avanzar con cautela, estaremos en vísperas de un mercado con potencia real y lista para aprovechar.

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