LA MARAÑA DE REGULACIONES QUE SE IMPONEN A LAS EMPRESAS SÓLO LOGRAN ESPANTAR A LOS INVERSORES

Un escandaloso peso para las naciones más pobres

Las normas inadecuadas que rigen a las compañías son mucho más caras en los países en desarrollo que en los ricos y provocan menos recaudación impositiva

Presionados por los ideólogos neoliberales, los gobiernos de países en desarrollo eligieron regímenes regulatorios que no entorpecieran los mercados. Eso es lo que todos creen. Pero no tiene sentido. Las normas inadecuadas que rigen a las compañías siguen siendo mucho más onerosas en los países pobres que en los ricos.

Si usted inicia un negocio en Australia, Dinamarca, Canadá, Nueva Zelanda, Singapur, Suecia, Gran Bretaña o Estados Unidos, le costará 1% del ingreso anual promedio del país, o menos. En Australia, su firma puede estar lista para operar en sólo dos días. En Brasil le llevará 152 días tenerla en funcionamiento, en Indonesia 168, y en Haití, 203. Si quiere armar una empresa en Etiopía y Níger, le saldrá más de cuatro veces el ingreso anual promedio per capita. El costo es independiente de la inversión necesaria para el negocio mismo.

¿Quiere manejar su fuerza de trabajo? No vaya a la empobrecida Sierra Leona, que tiene las vacaciones anuales más generosas, 39 días. La República del Congo ofrece 35 días, Etiopía, 33 y Chad, Costa Marfil y Níger, 32. La regulación que rige la flexibilidad para contratar y despedir personal y la libertad de negociar condiciones laborales, es menos severa en Austria, Dinamarca, Hong Kong, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur, Gran Bretaña y Estados Unidos. Es más estricta en Brasil, México, Panamá, Paraguay, Perú, Venezuela, Angola y Portugal.

¿Quiere asegurarse que le pague un recalcitrante cliente? En Guatemala necesitará atravesar 19 procedimientos, que le llevarán 1.460 días. Para hacer cumplir el mismo contrato en Túnez tardará siete días, 39 en Holanda y 50 en Nueva Zelanda y Singapur. En Austria, Holanda, Gran Bretaña, Brasil y Jordania, los costos en los que incurre son insignificantes.

¿Necesita un crédito? En la mayoría de los países en desarrollo, experimentará frustración y probablemente se lo nieguen, a menos que tenga buenas conexiones. Una explicación es que la información crediticia no es compartida. Un obstáculo más importante es la falta de protección legal para los acreedores. Supongamos, por ejemplo, que quiera cobrar un préstamo en mora garantizado con equipos de una empresa. En Alemania, Irlanda, Túnez y Estados Unidos, le llevará una semana lograrlo. En Brasil y Chile, podrían ser cinco años.

Todos estos ejemplos provienen del primero de una serie de estudios que hará el Banco Mundial. En vez de basarse en las usuales encuestas a expertos o gerentes de empresas, este trabajo realiza una detallada evaluación de las regulaciones y leyes de 133 países y los compara con ejemplos hipotéticos.

En general, el análisis llegó a tres conclusiones. Primero, que la regulación que rige a las empresas varía enormemente en todo el mundo. Segundo, que los países ricos regulan en forma más coherente y adecuada que los pobres. Y tercero, las normas equivocadas provocan resultados terribles.

Los costos impuestos por regulaciones inadecuadas son muchos: mayor proporción de empresas operan fuera de la ley; la base imponible es menor, la corrupción mayor, el desempleo superior y la productividad más baja. En Bolivia, por ejemplo, una de las economías más fuertemente reguladas, se estima que 82% de la actividad comercial pertenece al sector informal.

Los analistas y responsables de diseñar políticas prestan muy poca atención a lo que realmente hace funcionar a las empresas: la capacidad de ponerlas en marcha, de cerrarlas, de asegurarse el crédito, exigir los pagos y manejar la fuerza de trabajo.

En todos estos aspectos, el entorno en muchos países es calamitoso. Los países que pueden soportar menos el peso de la engorrosa y equivocada regulación son los que más la sufren. Esto es un escándalo y una tragedia.



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