Sector privado formal, cada vez más pequeño

Pese a que desde algunos ámbitos se cuestiona la actividad privada, moderna y formal, ésta se encuentra cada día más encerrada entre un Estado que está en todas partes y una economía negra o informal que, en el otro extremo, tampoco da margen para competir en igualdad de condiciones. De más está decir que este sector privado es el que más trata de cumplir con sus obligaciones.

Ante todo, cifras conocidas en estos días revelaron que uno de cada tres hogares recibe ingresos del Estado, lo que en algunas provincias muestra incluso porcentajes de participación verdaderamente inquietantes, tanto por su elevada importancia relativa como por su costoso impacto fiscal. Datos de Ernesto Kritz, de la Sociedad de Estudios Laborales (SEL), revelan que para el total del país nada menos que 33,6% de los hogares reciben algún ingreso de fuente pública, sin incluirse aquí a los haberes del sistema previsional.

Por un lado, nada menos que 18,9% de los hogares dependen hoy de los planes de asistencia social, que sin duda son necesarios en un contexto de desempleo superior a 20% de la población activa y ante el hecho objetivo que nada menos que la mitad de la sociedad se encuentra por debajo de la línea de pobreza, un récord lamentable y muy doloroso. Por otro lado, datos de la misma fuente revelaban, ya el año pasado, que algo más de 15% de los hogares de la Argentina dependen total o parcialmente del empleo público, sea en la nación o en las provincias. Ello parece concentrarse, adicionalmente, en los sectores de ingresos medios y altos de la sociedad, con lo que la sufrida clase media, hoy, parece ser quien más paga impuestos para sostener a un Estado que, a su vez, emplea o asiste a una demasiado amplia porción de la sociedad argentina.

En la otra punta, la economía negra o informal tiene más fuerza que nunca, lo que puede comprobarse a través de indicadores sobre evasión tributaria, alta circulación monetaria fuera del circuito bancario, empleo en negro y otras variables. El actual Gobierno está intentando con firmeza establecer controles para enfrentar este flagelo, pero no alcanza porque todo indica que se está ante un problema sistémico que deberá resolverse no sólo con controles, sino con estímulos, desregulación y otros mecanismos que animen al sector informal a blanquear sus actividades. “Uno de cada dos trabajadores privados en relación de dependencia está en negro sostenía un informe del SEL hace meses.

Un dato adicional revela la magnitud del problema que enfrentan las empresas que están en el circuito blanco, formal y moderno de la economía: hoy no hay más de 3 o 3,5 millones de asalariados que revistan en esta franja y que, con sus contribuciones, aportes e impuestos, realizan un gran esfuerzo para cumplir con un Estado agobiado por presiones sociales, económicas y financieras.

No es hora de buscar culpables, sino de tomar conciencia de que un país que necesita crecer no puede hacerlo sobre las espaldas de un sector privado anémico, sino de una fuerza productiva con suficientes armas como para forjar el crecimiento.