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Reinventarse para sobrevivir

La industria nuclear no está pasando por su mejor momento a nivel internacional y la difícil situación que atraviesan algunas de sus empresas más emblemáticas lo demuestra. Más allá de las preocupaciones por la seguridad o el rechazo de la opinión pública, ello se vincula a causas de carácter económico.

Reinventarse para sobrevivir

La industria de la energía nuclear no está pasando por su mejor momento. El año pasado, Areva, empresa francesa líder del sector, tuvo que ser rescatada de la bancarrota por el gobierno francés. Hace apenas dos semanas, Westinghouse, otra firma líder, se presentó a la quiebra. La debacle de esta compañía, que en 2006 fue adquirida por el grupo japonés Toshiba en u$s 5.400 millones, pone en aprietos al desarrollo nuclear en los Estados Unidos, ya que está a cargo de dos de los cuatro reactores que se están construyendo en dicho país.

Que esto esté ocurriendo en los Estados Unidos y Francia no es un dato menor, ya que, con 99 y 58 reactores operativos, respectivamente, son las dos principales potencias nucleares del planeta. En el tercer país con mayor cantidad, Japón, el sector está en crisis desde que, en marzo de 2011, luego de un terremoto seguido de un tsunami, la central Fukushima colapsara, liberando radiación al exterior y obligando a decenas de miles de personas a abandonar sus hogares, en lo que fue el peor accidente nuclear desde Chernobyl en 1986.

El desastre de Fukushima tuvo un gran impacto en Alemania, donde la opinión pública endureció su postura contra la energía nuclear y hubo varias marchas exigiendo el cierre de las centrales. Dos meses después, en mayo, el gobierno alemán anunció la decisión de cerrar sus centrales y apostar por las energías renovables como reemplazo. De las 17 operativas en ese momento, solo quedan ocho en funcionamiento, las que, se espera, habrán cerrado hacia 2022.

Sin embargo, la pobre situación de Areva, Westinghouse y otras firmas del sector no tiene raíces en las preocupaciones acerca de su seguridad ni en el rechazo de la opinión pública, sino en causas de carácter económico. Según el Nuclear Energy Institute, con sede en Washington DC, a esta tecnología le está resultando difícil competir en un mercado en el que el valor de la electricidad es mantenido bajo por los bajos precios del gas natural y en que las tecnologías renovables, además de gozar de beneficios fiscales y otros incentivos, tienen cada vez menores costos.

Además, hay que resaltar que la industria en muchos casos no hizo bien los deberes. Por ejemplo, cuando el consorcio integrado por Areva, Siemens y la finlandesa TVO presentó el proyecto para la construcción del reactor Olkiluoto 3 en Finlandia, el presupuesto era de 3.000 millones de euros y se estimaba que iba a estar funcionando en 2010. No obstante, tras años de marchas y contramarchas, la factura ya ascendió a 8.500 millones de euros y se espera que el reactor esté listo recién en 2018, casi tres veces más caro y ocho años más tarde que el proyecto original. Westinghouse tampoco pudo cumplir con plazos y presupuestos en la construcción de un reactor en el estado norteamericano de Georgia, proyecto sobre cuya terminación hay, ahora, muchas dudas.

A esto hay que sumarle el hecho de que la demanda de electricidad prácticamente no ha aumentado en las economías desarrolladas debido a la combinación de mayor eficiencia energética y crecimiento económico moderado; y que el paradigma del mercado eléctrico está cambiando, de un modelo de negocios basado en grandes centrales se está pasando a otro en el que la generación distribuida tiene un rol preponderante. En esta línea, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), dependiente de la ONU, aduce que, debido a la falta de flexibilidad que tiene la generación nuclear (es generación de base, no puede prenderse y apagarse atendiendo a la oferta y demanda del momento), esta no sería la tecnología ideal para complementarla con renovables, que están liderando la renovación energética.

Por otra parte, si se considera que, según la Agencia Internacional de Energía Atómica, de los 449 reactores que están activos en el mundo, 291 tienen más de 30 años de antigüedad y solo 50 menos de 10, es claro que, de no encontrar nuevos mercados, la tecnología nuclear tiene un futuro más que comprometido.

Nuevas potencias

Afortunadamente para el sector, hay países que están apostando con fuerza a la nuclear como una fuente confiable y a largo plazo de generación eléctrica, por lo que podría decirse que la industria está mudando su centro de gravedad. Según datos de la Agencia Internacional de Energía Atómica, de los 50 reactores nucleares que se están construyendo en el mundo, 20 están en China, siete en Rusia, cinco en India, cuatro en los Emiratos Árabes Unidos y tres en Corea del Sur.

China, además, ha establecido programas de cooperación nuclear con diversos países y está invirtiendo fuerte en esta tecnología fuera de sus fronteras. En Pakistán, que tiene como objetivo una capacidad nuclear instalada de 8.800MW para 2030, el gigante asiático proveyó la tecnología para una planta de 340MW inaugurada el año pasado; mientras que, en Tailandia, capacita a cientos de técnicos y profesionales. Pero el radar chino no se limita a sus vecinos, sino que, en septiembre de 2016, la compañía estatal China General Nuclear se asoció a la francesa EDF para desarrollar en el Reino Unido la central Hinkley Point C, un proyecto faraónico de u$s 22.500 millones de inversión y 3.200MW de capacidad, que se estima va a estar inaugurado dentro de 10 años.

Por su parte, Rosatom, la firma estatal de energía nuclear rusa, está construyendo cuatro reactores fuera de Rusia (dos en China y dos en Bielorrusia), además de tener contratos firmados en otros siete países (India, Bangladesh, Turquía, Vietnam, Finlandia, Irán y Armenia), de acuerdo a la World Nuclear Association.

Todo parece indicar que, aunque sufriendo en algunos de sus principales mercados, la industria nuclear sigue teniendo fuertes impulsores. De la capacidad de estos países para generar proyectos competitivos en un mundo con electricidad barata, y de que estos sean compatibles con un mercado energético dominado por las tecnologías renovables, va a depender el futuro de esta energía.

Números

449
reactores activos hay, a la fecha, en el mundo; 291 de ellos tienen más de 30 años y solo 50, menos de 10.

99
reactores nucleares operativos están ubicados en los Estados Unidos, país que mayor cantidad posee.

2011
fue el año en que tuvo lugar el accidente nuclear de Fukushima I, el peor de la historia tras Chernobyl (1986).

2022
es la fecha para la cual Alemania se propuso cerrar sus 17 centrales (hoy, quedan ocho en funcionamiento).

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