Martes  06 de Enero de 2004

Récord histórico de producción de gas

Pese al congelamiento de precios, las firmas produjeron 8% más de gas para poder cubrir la demanda. Sin embargo, no hay inversiones para reponer reservas y el futuro se complica

El año pasado, el mercado petrolero argentino vivió una singular paradoja. ¿Por qué? El precio internacional del crudo estuvo, en promedio, un 53% más alto que durante 2002. Pero las empresas no sólo no pudieron aumentar su producción de petróleo para sacar provecho del alza, sino que extrajeron un 1,7% menos de crudo, según las estimaciones preliminares del sector. La caída de la producción se dio por segundo año consecutivo, y el volumen fue el más bajo desde 1995. En contraposición, el gas natural –cuyos precios están pesificados y congelados desde enero de 2002– batió el récord histórico de producción en el país: creció un 8%, hasta alcanzar los 49.500 millones de metros cúbicos (m3).

Las razones que explican esta situación tienen origen en cuestiones que van desde la geología hasta la política y la economía. A grandes rasgos, la producción de gas y la de petróleo están condicionadas por la geología argentina de manera distinta. “Las cuencas productoras de petróleo del país son maduras y la disponibilidad de crudo en los yacimientos está declinando. Para aumentar la producción, las empresas deberían invertir en exploración en áreas de más alto riesgo, por fuera de las cuencas ya conocidas y explotadas, y el Gobierno debería instrumentar una nueva política en el área que aliente esos desembolsos”, explica Ernesto López Anadón, director General de Gas Natural para Latinoamérica de Repsol YPF y titular del Instituto Argentino del Petróleo y del Gas.

La otra cara de la moneda

El gas natural fue la contracara de lo que sucedió con el crudo. Los campos gasíferos son yacimientos más jóvenes, que recibieron inversiones importantes en la década pasada. Esos desembolsos les permitieron a las petroleras reaccionar más rápidamente al alza del 8% que registró la demanda el año pasado. Ese aumento fue el resultado de la reactivación industrial y de la transferencia de consumos hacia este combustible que, tras la pesificación y el congelamiento, se convirtió en el más barato de la Argentina.

Antes de la devaluación, las petroleras cobraban, en promedio, u$s 1,20 por millón de BTU, la unidad de comercialización del gas. Pero desde la pesificación de los contratos para el mercado interno, perciben ese mismo valor en pesos. Hoy ingresan u$s 0,47 por millón de BTU colocado en la Argentina.

López Anadón explica que, a pesar de los precios desfavorables, “la industria consideró que, tal como se estaba planteando el consumo, cualquier escasez de gas podría generar conflictos. Por eso invertimos para elevar la producción, confiando en que el tema del precio del gas comenzaría a resolverse en 2003. Lamentablemente, aún es una asignatura pendiente”.

De todos modos, ese incremento de la producción se dio con yacimientos que ya estaban activos porque, por el bajo precio del gas, desde 2002 las empresas frenaron todas las inversiones en grandes desarrollos y exploración para sumar nuevas reservas. Así, el verdadero problema de disponibilidad de gas se sentirá en los próximos años, como ya sucede con el petróleo.

Todas las fichas al crudo

El año pasado, las petroleras perforaron 1.350 nuevos pozos, 300 más que en 2002. Pero de ese total, apenas 10 estuvieron orientados al gas, y el resto al petróleo. Aún así, la industria no pudo compensar la declinación natural de los yacimientos de crudo, que es del 10% anual.

Pan American Energy (PAE), la petrolera en la que son socios British Petroleum y la familia Bulgheroni, fue la excepción: pese a concentrar sus negocios en el Golfo San Jorge, la cuenca que reúne los yacimientos más maduros del país, elevó su producción de crudo. “Desde 2002, los altos niveles del precio internacional hicieron que concentráramos las inversiones productivas en el petróleo”, explica Alejandro Bulgheroni, el presidente de PAE.

Pero Oscar Vicente, director de la brasileña Petrobras y presidente de la Cámara de Empresas Productoras de Hidrocarburos, advierte que, hacia adelante, tanto para el crudo como para el gas hará falta bastante más que inversiones en producción. “La prueba es que, aún cuando se hicieron un 25% más de pozos que en 2002, la producción de crudo cayó. Y en gas, la relación entre reservas y consumo se redujo a 14 años. Cuando esa relación es inferior a 15 años, comienzan los problemas”.

El temido Talón de Aquiles

Para Daniel Montamat, consultor del sector y ex titular de Energía, ése es el dato que enciende luces amarillas: las reservas de gas natural se redujeron un 13% en 2002 y cayeron otro 10% el año pasado.

De hecho, de los 1.350 pozos perforados en 2003, ninguno se orientó a identificar nuevas reservas de gas. “En un país como la Argentina, cuya matriz energética depende en un 49% del gas, esa caída es un dato peligroso”, dice Montamat.

La falta de gas podría, así, convertirse en el talón de Aquiles de la recuperación económica de la Argentina. Para Bulgheroni, en 2003 todo el sistema vivió de los desembolsos previos a la crisis. “Esas inversiones habían sido sobredimensionadas, porque los contratos entre las petroleras y sus clientes obligan a tener una capacidad de suministro mayor a la que normalmente se hace efectiva”.

Sin embargo, esa capacidad extra ya se usó. Los yacimientos siguen declinando, y no existen señales de precios que alienten nuevas inversiones. Y la demanda crece incluso más que la economía, por la transferencia de consumo de otros combustibles hacia el gas.

Montamat coincide, al advertir que la producción récord de gas de 2003 “se explica en que las petroleras, aún a precios no favorables, siguieron elevando la producción para no desabastecer a sus clientes. Pero sin nuevas inversiones en exploración, los actuales niveles de producción no son sustentables en el tiempo”, sostiene.

En opinión de López Anadón, el tema del gas tiene dos aristas: “Una es el precio bajo para el gas en boca de pozo, que impide que los inversores tengan señales a mediano plazo para activar nuevos desembolsos”, señala. El otro punto de conflicto, “igual de preocupante, es que con un precio congelado y pesificado, se alentó un consumo irracional de un recurso limitado. Las petroleras no sabemos cuánto deberemos producir este año”, dice.

La pelea con los industriales

Según el ejecutivo, en 2002, cuando las productoras de gas trataron de convencer a las autoridades para que pusieran en marcha un sendero de recomposición para el precio del gas en boca de pozo, hubo una gran oposición de los industriales. “Quisieron sacar el máximo provecho de la devaluación, y se equivocaron. Hoy están preocupados ante la posibilidad de desabastecimiento, y por eso comenzaron a pactar con las petroleras precios muy similares a los de antes de la devaluación”, asegura.

El hombre de Repsol YPF dice que se debería llegar a 2005 con un precio del gas para esos consumos industriales que cubra el 100% de los precios en dólares de fin de 2001. “Hablamos de medianas empresas hacia arriba, clientes que consumen 30.000 m3 diarios”.

En cuanto al petróleo, Vicente cree que en los próximos dos o tres años la producción seguirá cayendo. “Dependiendo de cómo se comporte el precio internacional –estima–, lo hará a tasas similares a las de 2003, entre un 1% y un 2% anual”.

Para el director de Petrobras, es necesario que se instrumente una nueva política de exploración, tratando de generar incentivos que alienten las inversiones de riesgo. Entre las medidas que podrían adoptarse, enumera la eliminación del IVA a la exploración, un esquema impositivo estable –similar al de la minería– y la extensión de las licencias para explotar yacimientos.

“La Argentina necesita encarar exploración de riesgo. No sabemos si tanto en crudo como en gas podrán descubrirse yacimientos importantes. Eso lo dirá la geología”, admite. Pero aclara que ni el gas ni el petróleo van a aparecer de la noche a la mañana. Para saber si hay más reservas a explotar, hace falta explorar. “Y quien invierte lo hace esperando una respuesta. Si esa respuesta no es satisfactoria, no arriesga. Esta industria es, en definitiva, como un juego de azar: tiene tecnología, pero el resultado es muchas veces azaroso. Y si el premio es chico, las empresas apuestan menos”.

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