Quizás el país crezca, pero no lo suficiente para bajar el desempleo

La polémica central sigue siendo si hay condiciones para que esta pujante recuperación se convierta en genuino crecimiento. En este escenario y con estas señales, no alcanza

El contexto externo es espectacular y se perciben los evidentes beneficios de la estabilización de la economía y las expansivas políticas monetaria y fiscal. En este buen contexto coyuntural aparecen ya aquellos que perciben señales de que puede haber algo más que una recuperación cíclica de por medio, lo que no debería sorprendernos. Varias veces en el pasado hemos confundido factores transitorios por permanentes, las más de las veces acompañando esas circunstancias con expansiones fiscales y decisiones de política económica erróneas que luego debemos ajustar drásticamente, cuando las vacas gordas pierden peso.

Hoy, algunos pensadores se preguntan: ¿Y si fuera crecimiento? Los argumentos apuntan a que mientras la demanda interna se recupere, la inversión aparecerá. Aun con condiciones transitorias, y si continuamos marchando por esta senda, la recuperación podría transformarse en crecimiento, se dice. Pero aún suponiendo que no se dan shocks negativos, creo que la inversión reaparecerá, pero no bastará para sostener un crecimiento razonable.

La Argentina destruyó los mecanismos de acumulación que había construido. Eso hace que los contratos intertemporales a los que accedemos sean elementales, cortoplacistas y donde prima la desconfianza. La crisis contractual no fue sólo producto de la crisis bancaria, como sí lo fue en México ’94 o en Chile ’82. La crisis abarca todos los contratos, y la regeneración de mecanismos de financiamiento de la inversión será más lenta y difícil y requerirá de políticas bien diseñadas. Hoy, para invertir, las empresas y los ciudadanos estamos obligados a ahorrar antes. El financiamiento de la inversión volverá a ser el conocido autoahorro. Las empresas lo hacen reteniendo ganancias, y quien aspira a comprar una casa, guardando su dinero en algún lugar seguro. Así, la inversión dependerá muchísimo más de los flujos de caja que reciban los inversores en un momento del tiempo que del valor esperado de la rentabilidad futura. Por lo tanto, será casi con seguridad una inversión más sensible al nivel del PIB. Pero por el carácter mismo de depender del ahorro previo, la tasa de inversión será más baja. Adicionalmente, al ser mucho más sensible a las fluctuaciones de los flujos de caja de corto plazo, la inversión también será más volátil. Finalmente, dado que no median procesos de intermediación donde compitan proyectos en diferentes sectores, esta inversión será con seguridad menos eficiente.

El cambio en los mecanismos de acumulación tiene más consecuencias. La distribución del ingreso deberá verse alterada a favor del capital. Esto es inevitable, si aspiramos a autofinanciar inversión y crecimiento. La intermediación y el acceso al crédito antes evitaban este deterioro. Así, el ahorro subió explosivamente y luego de una normalización probablemente se instale en un nivel 1 a 1.5 puntos más altos que en los noventa. Así, la tasa de inversión en el período Kirchner será posiblemente más baja que el promedio de los noventa. Del 13.5% del PIB actual podrá crecer hasta el 16%, pero será muy difícil que alcance el 19.5% de la década previa. Por eso, el nivel de vida de la población será en el mediano plazo menor que el que podríamos alcanzar de recrear los mecanismos de acumulación.

Así, es muy peligroso el conformismo de quien, apostando a que la recuperación se transforme en crecimiento, demore el proceso decisorio de la política económica. Dejar que los problemas se resuelvan solos, que el clima de negocios no mejore porque “de todas formas invierten , es costoso en el largo plazo. Algo se invertirá, pero no lo suficiente. Las autoridades deben reconstruir un marco contractual creíble en forma urgente, para evitar menos crecimiento y mayor volatilidad.

Los economistas solemos utilizar el ejemplo del error de tipo 1, cuando rechazamos una hipótesis en forma incorrecta, y hablamos de los de tipo 2 cuando aceptamos una hipótesis incorrecta y se actúa en consecuencia. Luego de la fenomenal decepción que sufrió la sociedad con los resultados económicos de 20 años de democracia, la clave está en evitar los errores de tipo 2 para pasar a una democracia económicamente exitosa.



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