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ProHuerta, el programa emblema que une al Estado con la sociedad

El referente del INTA explica el alcance de uno de los proyectos preferidos por el Gobierno nacional. Sus cifras y cómo se articula con cientos de entidades en todo el país.

ProHuerta, el programa emblema que une al Estado con la sociedad

La segunda convocatoria de proyectos especiales del ProHuerta, el programa del Ministerio de De-sarrollo Social de la Nación (MDS) y el INTA, recibió 1.040 iniciativas de desa-rrollo territorial de todo el país. Muchas de esas propuestas constituirán la nueva cartera de proyectos que beneficiarán a miles de familias vulnerables de zonas rurales, urbanas y periurbanas, con fondos que alcanzan los $ 154 millones, y la participación de 4.436 técnicos y extensionistas de diversos organismos.
Si se observa la convocatoria anterior, que financió 167 iniciativas con $ 34,3 millones, el interés por esta herramienta tuvo un aumento notable. Además, gracias a procesos de evaluación intensivos, logramos velocidades de aprobación inéditas para la burocracia estatal. Esto posibilita que todos los actores que trabajan con el INTA en los territorios puedan diseñar acuerdos institucionales robustos para llevar adelante estos proyectos de desarrollo local.
Con una trayectoria de 26 años, el ProHuerta suma casi 3 millones de beneficiarios en todo el país, con un total de 464.000 huertas agroecológicas familiares, escolares y comunitarias gracias a una red federal de 7.500 promotores voluntarios y acciones coordinadas con más de 3.000 organizaciones. Nacido en los ’90 como estrategia de contención social, el programa evolucionó para constituirse como un instrumento de política pública que aborda el desarrollo rural de manera integral.
El programa incorporó líneas de acción asociadas a demandas de los territorios, facilitando un diálogo de saberes y procesos para identificar los principales problemas de las comunidades. Así, se construyen soluciones desde el conocimiento tácito del territorio con el conocimiento científico de los técnicos y el financiamiento necesario para que esas transformaciones ocurran. De este modo, los proyectos especiales logran mejoras tanto en el hábitat como en las diversas líneas productivas que impulsan a las y agregan valor a las economías regionales .
Los proyectos especiales son una de las estrategias más relevantes en la nueva etapa del programa, con un enorme potencial que intensifica las capacidades de todo el INTA. Esta herramienta aborda ejes temáticos clave: acceso al agua para uso integral, educación, producción frutícola y hortícola para la venta de excedentes, valor agregado en origen, comercialización, producción pecuaria para la inclusión comercial, granja, cultivos locales, comunicación y energías renovables. A su vez, estas líneas contienen cuatro ejes transversales: equidad de género, adaptación al cambio climático, biodiversidad y organización. En este contexto, los proyectos especiales del ProHuerta potencian la capacidad del INTA, cuyos especialistas, distribuidos en más de 400 unidades de todo el país, aportan desde múltiples disciplinas. De esta manera surge un proceso de innovación que implica el trabajo coordinado de la investigación, la extensión, las relaciones institucionales y la vinculación tecnológica.
Sobre esos pilares, el ProHuerta considera a las comunidades en toda su complejidad, entendiendo al sujeto del programa como un actor productivo y económico que, garantizadas sus necesidades alimentarias, comienza a incluirse en sentido amplio. Es por esto que tenemos grandes expectativas en la nueva cartera de proyectos especiales del ProHuerta, enfocada en el crecimiento integral de las comunidades en todas las economías regionales. Como institución de vanguardia en la promoción del desarrollo rural y la generación de bienes públicos, con estos proyectos, el INTA impulsa profundos procesos de transformación territorial que generan un capital social de largo plazo.

(*) Coordinador Nacional de Transferencia y Extensión del INTA

La más exitosa

ProHuerta nació el 3 de agosto de 1990 y puede ser considerada una de las políticas públicas argentinas más exitosas. Su fin es que cada comunidad desarrolle sistemas de producción para autoabastecerse y comercializar alimentos agroecológicos. Aunque la entrega de semillas y las capacitaciones son las más conocidas, se realizan miles de actividades todos los años.

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