HAY DESEQUILIBRIO ENTRE RIESGO PÚBLICO Y RECOMPENSA PRIVADA

Por qué resulta tan difícil controlar el sistema financiero

Mientras algunos piden más regulación para evitar que se repitan las crisis, otros temen que una legislación demasiado estricta como la Sarbanes-Oxley trabe el sistema

¿Cuándo se producirá la próxima crisis financiera? No lo sabemos. Pero sabemos que, a menos que aprendamos de esta crisis, en un futuro no muy lejano habrá otra que pondrá en riesgo a la economía mundial.

La gran pregunta es si las lecciones deben traducirse en legislación. Entre los que se oponen a la regulación, los optimistas dicen que los bancos ya han aprendido y actuarán de forma más responsable en el futuro. Los pesimistas temen que la legislación pueda ser un equivalente a la ley Sarbanes-Oxley, pero más severa aún. Aseguran que esta ley, aprobada por el Congreso estadounidense en 2002, tras el caso Enron, ya fue lo suficientemente mala. Los bancos podrían sufrir ahora algo peor.

Hay dos aspectos del sistema financiero que se destacan en las tres últimas décadas: la capacidad para generar crisis y el desequilibrio entre el riesgo público y la recompensa privada. Con respecto al primer punto, es cierto que ninguna de las crisis financieras del período dañó gravemente la economía mundial, aunque algunas han devastado economías concretas. Pero podría ser sólo cuestión de tiempo. ¿Qué sucedería si la inflación estadounidense estuviera fuera de control o se retirase el apoyo oficial extranjero al dólar? Podría desencadenarse una profunda y prolongada recesión en EE.UU., con consecuencias devastadoras.

También es cierto, con respecto al segundo aspecto, que el sector bancario es el beneficiario de enormes subvenciones explícitas e implícitas: está asegurado en gran medida contra el riesgo de liquidez y los bancos centrales crean una curva de rentabilidad ascendente siempre que los bancos se descapitalizan, ofreciendo así una transferencia directa a cualquier institución que pueda solicitar préstamos a la tasa de interés baja y conceder créditos a la tasa más alta.

Con respecto al control de riesgos en el sistema financiero, el consenso de los reguladores dice que necesitamos ajustes en el sistema actual. Estos podrían incluir: mayor atención a la gestión de la liquidez en el marco de Basilea II; mayor análisis de la tensión que generan los modelos de más riesgo; mayor transparencia en las empresas; y mayor independencia en las agencias de calificación del riesgo frente a los emisores.

Yo diría, en cambio, que el aspecto principal se refiere a la regulación macro. Como ha señalado William White, de Banco Internacional de Pagos, los bancos casi siempre se meten en problemas juntos. El más reciente ciclo de créditos desenfrenados, es un ejemplo paradigmático. Pero carecemos de la voluntad, e incluso la capacidad, para regularlo. Y, sin embargo, no nos queda otra alternativa que intentarlo. Un sector financiero que genera inmensas recompensas para los miembros de las organizaciones y continuas crisis para cientos de millones de personas inocentes es, en mi opinión, políticamente inaceptable a largo plazo.