LOS ALQUILERES AUMENTARON AL MISMO RITMO QUE EL PRECIO DE LAS TIERRAS

Por el arrendamiento se logra entre un 5% y un 8% de rentabilidad

A diferencia de lo habitual, los valores crecieron para todo tipo de producción. Además, regresaron los ‘pools’ de siembra, más cautos y preocupados por el cuidado del suelo

Así como escasean las tierras para comprar, también hay pocas para arrendar, salvo que se paguen precios que están por las nubes. Es que, tras la devaluación y pesificación, muchos propietarios que tenían fuertes deudas pudieron cancelarlas, con lo que ya no tuvieron que entregar sus campos al primero que apareciera. Y ello, junto a la creciente demanda, empujada por la rentabilidad de la soja, los llevó a sentarse sobre sus tierras para, tranquilamente, escuchar ofertas.

“Es que los alquileres tienen un retorno seguro, por adelantado y en dólares, con lo que la oferta empezó a agotarse, y tiró los precios hacia arriba , explica Augusto Gómez Romero, de Larigan Campos.

Lo curioso del fenómeno, según los especialistas del sector, es que el precio de las tierras aumentó (tanto para la venta como el arrendamiento) para todos los tipos de producción, cuando lo normal es que los buenos tiempos de unas sean los malos de las otras. Según estima Mariano Maurette, gerente de negocios inmobiliarios de la consignataria Alzaga Unzué, quienes arriendan campos ganaderos obtienen entre 4% y 5% anual, mientras la rentabilidad de los agrícolas trepa a entre 7% y 8%, frente al 1% o 1,5% anual que da un plazo fijo en un banco de primer orden en Estados Unidos.

Si bien los especialistas coinciden en la dificultad de establecer promedios, aseguran en que los alquileres agrícolas aumentaron alrededor de un 40%. Este año, se llegó a pagar entre 14 y 16 quintales de soja por hectárea en la zona núcleo (Pergamino, Colón, Roca, Salto) por campaña, cuando dos años atrás se pagaban entre 10 y 12 quintales. Por el lado de los campos ganaderos el incremento fue menor, pero también significativo. “Si un campo ganadero en la provincia de Buenos Aires, en la cuenca del Salado, se cotizaba entre 40 y 50 kilos de carne por hectárea, ahora está entre 50 y 60 kilos , explica Cristian Beláustegui, director de Compañía Argentina de Tierras.

La diferencia de precios –y rentabilidades– provocó que muchos campos tradicionalmente mixtos (agrícolo-ganaderos) se volcaran exclusivamente a los cultivos.

“Hay un efecto soja que hizo que el productor agropecuario de la Pampa Húmeda sembrara donde podía, y así tuvo que salir a buscar campos donde poner los animales , explica Maurette. El fenómeno se dio básicamente con las vacas de cría (para obtener terneros), más que con novillos de invernada (para carne), cuyos dueños pudieron recurrir al feed lot, alimentándolos incluso con parte del maíz que cosechaban. “El problema es que el traslado a zonas marginales, como Corrientes, se justifica para rodeos grandes, de 800 a 1.000 animales, y no para unos de 200 o 300 , agrega el consultor. Estos debieron vender los animales demasiado jóvenes o “se resignaron a pagar precios muy altos con tal de no malvender , agrega.



El regreso de los ‘pools’

En cuanto al perfil de quienes alquilan, la novedad es la reactivación de los llamados pools de siembra, fondos o grandes productores que poseen la costosísima maquinaria y siembran en tierras ajenas. Ejemplos de este tipo de operatoria son Faid, El Tejar, Cresud, Terra Garba, El Quebrachito, Virreyes, Los Grobo o Santos Uribelarrea.

“A diferencia de la euforia del ’97 y ’98, los pools están corrigiendo errores del pasado, diversifican para evitar riesgos climáticos y de monocultivo, y cuidan los suelos , dicen los especialistas. Varios se extendieron a Uruguay, Bolivia y Brasil, donde no hay retenciones.

Los pools suelen ofrecer un 7% anual, en contratos de hasta 5 años. Si bien es menos que lo que pagan los chacareros, que arriendan por una cosecha, ofrecen un paquete que incluye el cuidado del suelo, algo que, a largo plazo, mantiene viva la gallina de los huevos de oro.



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