Pekín es sólo un chivo expiatorio comercial

Donald Evans, secretario de Comercio de EE.UU., esta semana se convirtió en el último alto funcionario de su país en visitar Pekín con un mensaje directo: China debe reducir sus barreras comerciales y adoptar, con mayor rapidez, un sistema de economía de mercado porque, de lo contrario, Estados Unidos empezará a imponer barreras a las exportaciones chinas. Sin embargo, el mensaje claramente se dirigía tanto a la audiencia de Washington como de Pekín.

La administración del presidente George W. Bush espera que su duro discurso en público contenga la creciente presión en el Congreso por las restricciones comerciales contra China, que violarían las normas de la Organización Mundial de Comercio. Alarmados por el mayor déficit estadounidense en el comercio bilateral, que probablemente este año llegue a u$s130.000 millones, muchos políticos afirman que el desequilibrio, y la pérdida de puestos de empleo industriales en Estados Unidos, se debe a las injustas prácticas comerciales de China.

Detrás de escena, los funcionarios estadounidenses están tomando una línea menos combativa y ofreciendo ayuda a Pekín, por ejemplo, para fortalecer el control del cumplimiento de las leyes de propiedad intelectual. Esa es la manera adecuada de manejar sus diferencias. Porque el “problema comercial con China se originó principalmente en Estados Unidos.

La acusación de que China es altamente proteccionista no es convincente. Si bien todavía está haciendo esfuerzos, con diferentes resultados, por cumplir con sus compromisos para ingresar a la OMC, únicamente tiene un pequeño superávit comercial global y registra déficits con muchos otros países. Sus importaciones equivalen a cerca de una tercera parte de su PIB, una relación notablemente elevada para un país en desarrollo de su tamaño, y se estima que este año superará a Japón para convertirse en el tercer importador más grande del mundo.

En realidad, su insaciable apetito por las importaciones está en el corazón de la reciente recuperación económica del resto de Asia oriental.

China también es el mercado exportador de Estados Unidos que más está creciendo. El mayor desequilibrio en el comercio bilateral se debe mayormente a la recuperación económica estadounidense, a su baja tasa de ahorro y un cambio en la inversión internacional de China: muchas importaciones norteamericanas provenientes de China las hacen empresas cuyos propietarios son estadounidenses. Al trasladar la producción al exterior, quizás estén contribuyendo a la pérdida de puestos de empleo en el corto plazo. Pero en general, la economía de Estados Unidos se beneficia con el acceso a las importaciones baratas pero de creciente calidad provenientes de China.

De todas maneras, mientras la recuperación estadounidense siga sin generar puestos de empleo, persistirá la tentación de convertir a China en el chivo expiatorio.