Paul Davies

Hola Steve, estoy escuchando a los expertos de todo el mundo preocuparse por los graves riesgos que enfrenta el imperio americano, no puedo dormir ahora que necesito 1,22 dólares para comprar un euro y los europeos eligen el MOMA antes que el Louvre. Estoy triste, ni ganas de jugar al golf tengo porque los Estados Unidos no tienen futuro. Ja. ¿No es gracioso? En estas décadas viví dos caídas del dólar, una en los años setenta (hasta tuvieron que intervenir los mercados, mientras los franceses soñaban con sustituir el dólar por el oro) y la otra a mediados de los noventa, antes que la nueva economía generara una larga expansión que duró más de cinco años y un superdólar que los asustó a todos, pero por las razones contrarias. En esos ciclos, el dólar subió y bajó entre puntas entre 30% y 45% respecto a las otras monedas fuertes de aquellos tiempos (¿cuáles eran?). Y siempre se recuperó, volvimos a crecer y los déficit gemelos dejaron de molestar. Creo que todos esos opinadores que siempre anticipan el Apocalipsis del imperio podrían tomarse la molestia de estudiar historia, teoría de los ciclos económicos y, de paso, mirar las estadísticas de varias décadas antes de pronosticar nada. Lo verdaderamente grave es que esta temporada termina Friends, luego de ocho años.

Mi hija menor está triste, como millones de adolescentes en el mundo. Final: ¿a los norteamericanos nos odian o nos envidian? Abrazo, Paul



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