Lunes  02 de Febrero de 2009

Ni la crisis pudo con las vacaciones de los ejecutivos

A pesar del contexto de incertidumbre reinante, la mayoría de los ejecutivos no postergó sus vacaciones, un período de descanso que sin duda los ayudará a lidiar con un año difícil. Lo que sí se acentuó este año fue la necesidad de estar conectado desde los lugares más remotos para estar atento a las noticias de la oficina.

Más allá del fuerte impacto de la crisis en el mundo corporativo y de la incertidumbre que viene generando en el mercado laboral, los ejecutivos argentinos tienen un motivo para esbozar una pequeña sonrisa en medio del vendaval. Es que a contramano de lo que está sucediendo en otros países, sobre todo del Primer Mundo, la mayoría de los directivos locales parece haber sobrevivido a la necesidad de hacer modificaciones en sus períodos de vacaciones, que en otras latitudes incluyeron postergaciones y hasta suspensiones. Lo que se dice, un buen aliciente para arrancar mejor una temporada en la que se auguran despidos masivos de personal en todo el mundo y -fronteras adentro- ajustes salariales de alto impacto.

La cuestión parece enfocarse en una cuestión cultural, pero también en un razonamiento estratégico de las empresas, que saben que necesitan a sus ejecutivos más descansados y enérgicos que nunca para encarar el año fuerte a partir de marzo. Por eso, el 2009 parece estar alejado de las bajadas de línea de antaño ante cuadros de emergencia como el actual.

Eso sí: a lo que no pudieron escapar los directivos locales es a la obligación de estar más que nunca en contacto desde su lugar de descanso, una tendencia que ya se registraba hace unos años pero que en este escenario se acentúa aun más. Por otro lado, sí se percibió cierta cautela desde los propios implicados, optando por tomar sólo una o dos semanas en algunos casos.

“La mayoría de los ejecutivos no pospuso sus vacaciones, porque tenemos una cultura diferente en este sentido. Postergarán algunos pagos o se atrasarán en los aportes previsionales, pero privarse de unos días en Punta o Cariló no lo imagino, porque las vacaciones son sagradas para los directivos argentinos. Por otro lado, en muchos casos la estacionalidad hace más factible aflojar ahora que dentro de 60 días, cuando de nuevo hay que estar al pie del cañón”, sostiene Roly Boussy, socio de OBC Consultoría y Capacitación, y desestima que algunas empresas hayan impuesto cambios en este sentido.

Y recuerda también la parte que juega la presión familiar y social, algo que también menciona Roberto Machado, director ejecutivo de Michael Page Argentina. “La mayoría de los ejecutivos salieron en estas semanas de enero, porque también hay una influencia bastante fuerte de lo familiar y muchas veces en los momentos de crisis es cuando uno necesita más que nunca apoyarse en los suyos. Asimismo, localmente estamos acostumbrados a las crisis y por ello todo sigue en carriles más o menos normales, algo que en el exterior no sucedió”, opina Machado, que igualmente apunta que en ciertos casos sí se produjeron disminuciones en la cantidad de días a tomar o cambios de destinos lejanos por algunos más próximos.

Claro que hubo rubros en los que la coyuntura sí obligó a modificar sustancialmente el descanso programado, pero son más bien excepciones. “No tenemos la percepción de que haya habido una postergación importante de vacaciones. Sí puede ser que haya nichos de actividad, como automotrices, metalmecánicas o agroindustriales, en los que hay una gran inquietud acerca del cumplimiento de budgets de producción y ventas, lo que se traduce en posponer el descanso previsto. Pero no lo percibimos como una característica generalizada en franja de mandos medios y alta gerencia”, dice Susana Larese, directora de Stanton Chase International.

Y recuerda también los casos específicos de posiciones como CFOs, directores comerciales o gerentes de Marketing, más propensos a ser excepciones que confirman la regla tanto por la crisis como por el factor estacional, al tiempo que repara en un dato que no es menor: esta vez, hay que estar más preparado que en otras ocasiones para ser localizado, responder a los llamados del jefe y -de ser necesario- suspender las vacaciones y pegar la vuelta en forma urgente a la oficina.

Más conectados que nunca

“Lo que sí es cierto -pero tampoco corresponde a este momento de incertidumbre- es que cuando a un ejecutivo le dan laptops, blackberrys y celulares, la expectativa de su jefe es que no los desconecte durante sus vacaciones, tal vez ahora más que nunca”, añade Larese, y recuerda una anécdota particular: “El gerente de una empresa americana muy famosa, durante su primer año de vacaciones, apagaba el celular cuando iba a la playa. Un día lo fue a buscar corriendo el dueño del balneario para decirle que lo buscaban por teléfono. Era su jefe, furioso, diciéndole que nunca más volviera a apagar su teléfono móvil. La pregunta es si en esos casos los jefes tienen una clara estimación de la oportunidad de ese llamado, ya que a veces es más por ansiedad que por gravedad”, rememora la experta de Stanton Chase.

De todos modos, estar disponible las 25 horas del día es un hecho ya asimilado por los ejecutivos, por lo que en la versión estival de 2009 apenas deberían seguir en línea con lo que vienen haciendo hace tiempo. “Sí, es posible que en estas vacaciones se sigan más de cerca las noticias, que haya mayor dependencia informativa y también más estrés, porque el estar tan dependiente de lo que sucede aumenta la ansiedad”, asiente Boussy.

En este sentido, las recomendaciones de los especialistas son en sintonía. “Estos meses hay que estar con el casco puesto todo el tiempo y con el equipo de supervivencia encima, lo que implica estar permanentemente conectado, si alguien se va de vacaciones. Puede ser un poco ridículo verlo en la playa con el casco y la laptop con su antena satelital, pero el directivo, hoy, está en estado stand by and ready for reaction”, grafica Eduardo Suárez Battán, socio fundador de Macaya & Suárez Battán. Y recomienda no irse por mucho tiempo y tomar sólo una semana en el verano.

Por otra parte, bien vale recordar que el verano también es un época de oportunidades, tal como explica Ana María Gueli Enríquez, asesora en inserción laboral, quien sí hace referencia a una cierta tendencia en cuanto a optar por esperar a que pase el verano para salir de vacaciones, aunque en el caso de aquellos que están en la búsqueda de la reinserción en el mercado o en quienes están a la espera de un pase interempresario. “En un ambiente incierto como el actual, muchos ejecutivos optaron por tomarse las vacaciones pasados los primeros 60 días del año para estar más en contacto con la generación de nuevas oportunidades de empleo y negocios que puedan surgir”, dice Gueli Enríquez.

Y enseguida recuerda que las búsquedas no tienen estacionalidad, por lo tanto enero y febrero también son meses de posibilidades, ya que además de los reemplazos por becas, retiros y maternidad, hay creación de nuevos puestos.

Rubén Heinemann, partner in charge de Heidrick & Struggles, no cree que se haya producido un retraso a la hora de tomar las vacaciones, aunque aconseja que quienes salgan durante enero y febrero mantengan más que nunca “a la negra berry encendida”. “No me parece que haya una postergación importante de vacaciones”, dice Heinemann. Y, en la misma senda que Gueli Enríquez, pone el acento en que en lo gerencial estos meses son quizás los de mayor actividad para las posiciones de primer nivel que fueron decididas hacia fin de cada año. “Hay una fantasía generalizada de que en el estío la actividad de reclutamiento disminuye, cuando en verdad la realidad es muy distinta, por lo que una alternativa buena es pulir el resumé”, asegura, algo que también confirma Machado, de Michael Page: “Si bien las empresas están cada vez más asustadas y todo es muy inestable, algunas firmas piensan en contratar y se observan muchos más movimientos que en octubre, por ejemplo, aunque todavía lejos del nivel del primer semestre de 2008”, confirma.

Entre estas posibles oportunidades y una lógica cautela, la crisis al menos les regaló una buena a los ejecutivos, que por otro lado tienen muy en claro que tras el descanso de verano les espera un regalo que va más allá de las estaciones: un año que los tendrá contra las cuerdas.

Matías Franchini

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