Jueves  03 de Enero de 2008

Maridos a domicilio, un delivery para urgencias en el hogar

Fabio Carabajal era mecánico aeronáutico hasta la quiebra de LAPA. Para esquivar la angustia del despido, usó el dinero del Fondo de desempleo, más unos ahorros, para jugar sus fichas en una apuesta: ofrecer su conocimiento adquirido en la empresa en resolver los cotidianos problemas de la casa.

El 31 de agosto de 1999, en horas de la noche, el vuelo 3142 de LAPA, que se dirigía a la ciudad de Córdoba, se incendió tras salir de la pista del aeroparque metropolitano Jorge Newbery e impactó contra un terraplén en el predio de la Asociación Argentina de Golf. Ese trágico episodio, aún impune, dejó varias secuelas. La mayor de ellas, la muerte de 65 personas. Los siguientes coletazos fueron el quiebre de la compañía aérea a los pocos años y el despido de más de 900 empleados. Entre los desocupados se encontraba Fabio Carabajal, quien se desempeñaba hacía más de 10 años como mecánico, también en Aerolíneas.

La angustia de perder el trabajo, y en ese contexto, fue impactante. Pero Fabio no se sumergió en la impotencia y tristeza de sentirse forzado a abandonar la rutina de su ingreso a aeroparque todos los días.

Precisamente, la quiebra de la compañía aérea, decretada por la Justicia a principios de 2003, significó el puntapié para que Carabajal empezara a pensar su futuro fuera de la empresa y la posibilidad de ingresar al mundo emprendedor. Amigo de los riesgos, a los pocos meses de la nueva tragedia, apostó por un trabajo innovador en su concepción, pero sin garantías de resultar exitoso a corto plazo. De todas formas, sin temor al fracaso, Fabio ya diseñaba el sitio de Internet.

Sin contar con ninguna previsibilidad respecto a la aceptación de la idea, el nuevo entrepreneur proyectó la nueva etapa, en principio, de manera independiente. La apuesta era trasladar su conocimiento y experiencia en pos de solucionar los problemas que se presentan a diario en todo hogar, como la pérdida de gas, el revoque y pintura de una pared, refacción de un baño, reparación de un estante y hasta el cambio de un cuerito. Estas tareas hogareñas se tornan un dolor de cabeza cuando el hombre de la casa pasa más tiempo en la oficina que junto a su familia o, directamente, no desea perder tiempo en ello o desconoce cómo hacerlo. Repartiendo volantes en mano o dejándolos en los principales kioscos de diarios de zona norte, Carabajal movió la primera ficha, esperando con ansiedad sentir el timbre del teléfono. El dato que complementa y le otorgó más fuerza y marketing al emprendimiento fue el nombre elegido para el trabajo: “Maridos a domicilio”. Por su denominación, apuntaba mayormente a una demanda femenina. Y el nombre en plural apuntaba a una ambición no menor, que luego se confirmó. Era la de sumar más gente al proyecto y crear una pyme.

Pocos ahorros y empujón del Gobierno

El proyecto no sólo nació de manera forzosa tras la quiebra de LAPA. “El Fondo de desempleo fue mi primera ayuda, ya que aproveché el sistema de capitalización de estos Fondos que otorga el Ministerio de Trabajo. Sólo tenías que presentar un microemprendimiento y te daban el doble del importe del Fondo, al contado y sin devolución, es decir, un subsidio”, recuerda . Con ese dinero, unos $ 5.000, más unos ahorros, el “marido” adquirió el vehículo (una Fiorino 147), una herramienta fundamental para el proyecto.

La idea fundamental del emprendimiento apuntaba a solucionar los problemas cotidianos del hogar, pero pensando el trabajo con una veta diferencial y trascendental a la hora de ingresar al hogar. “El término también significa que la persona que llega a una casa, lo debe hacer con cordialidad, seriedad y propiciando el contexto de ambiente familiar, como si estaría trabajando en su propio domicilio; eso es lo que nos diferencia de la competencia”, destaca el padre de la criatura, quien refuerza esta idea ejemplificando: “un plomero, por un cuerito, ni atiende el teléfono; nosotros vamos, pero siempre cobrando un mínimo, y con la posibilidad de arreglar otros pequeños detalles que necesita la casa. No sólo el femenino es el público que ocupa la demanda, el hombre que trabaja y no desea ocupar su tiempo libre en refaccionar su hogar, no duda en consultarnos”.

En casa de herrero...

En 2003, con la efímera creación de Lafsa (Líneas Aéreas Federales), compañía ideada por el Gobierno para emplear a los desocupados de LAPA y Dinar, cerradas en aquel año, Fabio retomó su oficio para no depender únicamente de los llamados de las amas de casa, pero era todo part time. Se encontraba saturado con ambos trabajos y lo sufrió hasta en su propio hogar. Cuando comenzó a notar el descuido de su casa en varios frentes, pensó seriamente que era el momento de delegar. Observando además que el negocio de los trabajos a domicilio no detenía su crecimiento, decidió convocar a compañeros de la aeronáutica para reforzar el emprendimiento y poder cubrir, a modo de rotación (cuando tenían el tiempo) el trabajo que se acumulaba.

El cambio esencial se dio en el último año y medio, cuando Fabio abandonó totalmente la aeronáutica y se volcó de lleno a potenciar la marca. Desde 2006, son cinco personas dedicadas full time. ¿Cómo reclutó a los “maridos”? De una manera no menos particular: uno visitó el sitio, envió su currículum y formó parte de la tropa; otro es un amigo de toda la vida de Fabio, una persona donde puede delegar su absoluta confianza. El equipo se terminó de conforman con compañeros de la aeronáutica.

El emprendedor había empezado con asados, jardinería, pero ahora se centra en trabajos de mayor rentabilidad. Un compañero de LAPA, además de mecánico, era parrillero, por lo que estaba asegurado el aplauso para el asador.

Las anécdotas que modifican la mirada de Fabio no escapan a la historia. “Una anécdota que nos llamó la atención en los últimos tiempos era el insistencia con las que nos contactaban desde la misma casa; y cuando íbamos, no encontrábamos nada. Resulta que la mujer estaba enamorada de la persona que cubría esa zona. Es más, pedía por él”, recuerda, ya más distendido el director de la pyme.

Capacitación y medianas empresas, los últimos pilares

Carabajal está decidido a incorporar más “maridos” en estos meses, aunque reconoce que es el mayor obstáculo por la ausencia de personal calificado en el mercado. “De todas maneras tengo pensado, a mediano plazo, contar con un local, aunque funcionaría más como recepción y atracción publicitaria, ya que este trabajo se contacta, casi en totalidad, por vía telefónica”, indica.

El emprendedor buscó capacitarse, lo que marca la intención de apostar a un negocio sustentable, y no de ocasión. Para ello, se anotó en la organización civil Inicia, especializada mayormente en la formación de quienes dan sus primeros pasos. “Lo que aprendí fue fundamental para aprender aspectos claves de cómo manejar un negocio”, enfatiza. Se decidió en septiembre de 2006 al participar del curso “empresas del mañana”, que dura dos meses, donde se aprende desde marketing hasta impuestos, es decir, cómo llevar el emprendimiento a otro nivel y, continuando con unas jornadas llamadas “directores coordinados”. Allí se simula una reunión gerencial para aprender y evaluar si el negocio es rentable. “Lo que aprendimos en Inicia es saber a decir que no, cuando se observa que un pedido no resultará un negocio”, subraya el ahora empresario.

Con Inicia se logran establecer redes de contacto, conocimientos, pero no financiación. Y el proyecto de Carabajal ingresó entre los mejores 10 emprendimientos del año, que premió la organización recientemente.

Con la sabiduría adquirida en los cursos, los “maridos” no dejaron de atender hogares, pero sí le sumaron el trabajo de mantenimiento a pymes. “Es un trabajo más fijo, donde se emplea en mayor medida el trabajo por hora. La empresa nos delega lo que tenemos que hacer en la semana. Y eso lo emprendimos porque aprendimos a que se deben saber manejar planes de contingencia ante posibles crisis, eso lo tengo grabado de todas las charlas en Inicia. Por ello apuntamos a ofrecer también el servicio a las firmas comerciales”, concluye el emprendedor, quien ya comenzó a pensar en franquiciar el negocio, aunque aún no es la prioridad.

Martín Coccaro

en números

z Inversión inicial: $ 10.000

z Llamados por día: hoy reciben entre 10 y 15, de los que se concretan la mitad.

z Facturación 2007: $ 300.000, aproximadamente; es un 130% mayor respecto de 2006 y donde el 25% es aportado por el reciente trabajo en pymes.

z Empleados: 5

z Tarifario: mínimo de $ 50, por la suma de pequeños trabajos; se acrecenta según el servicio. Media jornada de cuatro horas: $ 200.

z Demandas más solicitadas: pintura, sobre todo en las empresas, plomería y electricidad.

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