Los bancos deberán generar ingresos prestándole a los privados

Aunque el negocio de los bancos se redujo con la crisis, el sistema no está sobredimensionado. Las exigencias del BCRA buscan que las entidades se encuadren en un nuevo contexto, donde el Estado ya no es el principal cliente

El sistema financiero lleva algunos meses dando muestras de recuperación. Sin embargo, todavía es mucho lo que deberá crecer para alcanzar los niveles que tenía a comienzos de 2001, fecha en que comenzaron a notarse los efectos de la crisis que terminaría por explotar al final de ese año.

Para entender el nivel de contracción sufrido alcanza con saber que el conjunto de los bancos maneja hoy un tercio del volumen de depósitos y créditos, medidos en dólares, que movía en mayo de 2001. Desde este punto de vista se podría pensar que el sistema está sobredimensionado, como algunos sostienen desde que se desató la crisis.

A mediados de 2000, el especialista Miguel Arrigoni, de Deloitte & Touche Corporate Finance, explicaba a los banqueros que, lejos de quedar grande, el sistema estaba subdimensionado. Según sus cálculos, en el mejor momento de la década del ‘90 los bancos apenas si otorgaban la mitad de los créditos que se daban en el país (excluyendo los préstamos mayores a u$s 1 millón). El resto era territorio de la banca informal (la que no responde a las reglamentaciones del Banco Central).

Después de la crisis, en varias oportunidades Arrigoni ha vuelto a sostener su punto de vista. Los bancos tienen por delante suficiente materia prima para trabajar. Sin embargo, esto no está tan en duda como el hecho de si, a este ritmo de recuperación económica, podrán aguantar el costo de sostener la estructura hasta que el negocio vuelva a dar muestras de rentabilidad.

De las veinte entidades con mayor cantidad de depósitos, sólo seis están cubriendo los gastos operativos en este momento (en base a cifras de junio pasado). El resto aún sigue recortando estructura y elevando comisiones.

Según estimaciones del mercado, los bancos redujeron entre 12% y 15% su dotación de personal, con lo que hoy el sistema estaría empleando a algo más de 85.000 personas. Las mismas fuentes estiman que la cantidad de sucursales se ha reducido en hasta un 20%, pasando de 4.250 en mayo de 2001 a 3.500 actualmente.



Precisiones

Ahora el Banco Central se prepara para afinar el lápiz. Hasta el momento ha capeado la tormenta de la crisis sin grandes bajas que lamentar y con mejor mano de la que los gurúes de la City y el Fondo Monetario esperaban. De entre las grandes, sólo dos entidades de capitales extranjeros abandonaron el país (Scotiabank y Crédit Agricole) y otras dos pasaron a manos de bancos locales (Sudameris y Bansud).

A fines de octubre, las entidades deberán presentar ante el Central un plan de negocios que muestre sus proyecciones para los próximos 12 meses. El BCRA no sólo quiere ver que los bancos se ajusten al nuevo régimen de capitales mínimos, sino que lo que se busca es trazar una línea entre los que hacen negocio y los que no.

Economía y el Central se las han ingeniado hasta ahora para demorar el trazado de esta línea demarcatoria, que los técnicos del FMI exigen desde hace más de un año, para evitar perjudicar innecesariamente a las entidades tras el derrumbe. Pero la crisis parece ir quedando atrás y ya es posible marcar diferencias entre los que ganan y los que financian sus pérdidas con depósitos. De este modo, el Banco Central podrá exigir una capitalización a los accionistas de aquellas entidades con pérdidas y canalizar mejor su eventual ayuda.

Las exigencias del Central y el actual contexto económico representan un desafío para un sistema financiero, que durante la última década consiguió buena parte de sus ganancias prestándole al Estado. Ese cliente estará fuera de juego por un tiempo y los bancos tendrán que esforzarse para generar ingresos con el sector privado.