SUS MALDADES SON EL BAJO CRECIMIENTO, LA ELEVADA INESTABILIDAD, POBREZA GENERALIZADA Y SUCIA POL TICA

Latinoamérica debe terminar su trágica normalidad

Sin embargo, dos tendencias podrían ayudar: la mayor influencia de los hispanos en la política estadounidense y las exportaciones a China de materias primas

No es realista esperar que las cumbres de jefes de Estado generen resultados concretos. En este sentido, el encuentro de Monterrey fue una cumbre presidencial normal. Desafortunadamente para América latina, esta normalidad es trágica.

El año pasado, por ejemplo, fue normal: magro crecimiento, elevada inestabilidad, generalizada pobreza y política sucia. Las economías de la región crecieron 1,5% en promedio, mientras que la población se incrementó 2,5%, lo que asegura que los 227 millones de personas que viven por debajo de la línea de pobreza se quedarán ahí.

También fue otro año que recalcó la naturaleza inestable de la región. Después de su catastrófico crack económico, la Argentina se recuperó abruptamente y su mercado de valores registró los retornos más elevados del mundo. Mientras tanto, se derrumbó República Dominicana, que era el país latinoamericano con mejor desempeño desde 1996. Las exportaciones de la región subieron 8%; pero habían caído 12% en los anteriores dos años. Estos auges y estas caídas regulares alimentan las tribulaciones políticas que forman parte de la normalidad latinoamericana.

Bolivia es un caso extremo que ilustra esta horrible combinación de conflicto social, economía mediocre y asquerosa política. Un presidente reformista democráticamente electo fue derrocado tras manifestaciones callejeras encabezadas por grupos indígenas históricamente sin derecho a voto y productores de coca, que por la guerra estadounidense contra las drogas se vieron obligados a dejar de producir su ancestral cultivo. Estos grupos adquirieron un poder político sin precedentes gracias a la generalizada frustración popular con las reformas de los noventa, el desprestigio de los partidos políticas tradicionales y la globalización que los conecta fácilmente con aliados de otros lugares. En toda América latina se encuentran diferentes elementos del predicamento de Bolivia. Los sin tierra de Brasil, los zapatistas de México, los bolivarianos de Venezuela y otros grupos similares están rápidamente acercando a América latina a un movimiento político multinacional. Pero la inestabilidad no se alimenta sólo de políticos recién llegados; el viejo conflicto político también continúa bloqueando reformas y fomentando malestar.

La presencia del presidente George W. Bush en la Cumbre de Monterrey fue un intento por demostrar el renovado interés de Washington por la región. Pero la realidad es que América latina, habitualmente considerada el patio trasero de Estados Unidos, se convirtió en Atlantis, el continente perdido.

Pero no todo es normal en Latinoamérica. Dos tendencias nuevas se apoderaron del paisaje político y económico . El primero es que si bien la región era invisible en Washington, los latinoamericanos pasaron a ser más visibles que nunca en Estados Unidos. Los latinos son ahora la minoría más grande del país. A medida que se sigan sumando, crecerá su músculo político. Las remesas desde EE.UU. a Latinoamérica superaron el flujo total de inversión extranjera que ingresó en la región.

La segunda tendencia es el impacto de China en las economías latinas. Si bien los exportadores de productos industriales de la región están descubriendo que no pueden competir contra China, para los vendedores de materias primas y productos agrícolas, China se convirtió en su principal cliente.

En el cono sur de la región, las compañías aprovechan la demanda china. Vale do Rio Doce, el mayor productor brasileño de metal de acero, firmó un contrato por diez años con Shanghai Boastell Group; los productores de hacienda y soja de Argentina ven a China como su principal fuente de crecimiento futuro; y China es ahora el tercer socio comercial de Chile.

Estas dos tendencias no cambiarán sustancialmente las legendarias maldades de la región: iniquidad y pobreza, políticas malas e instituciones viciadas. Pero se convertirán en factores que no pueden ignorarse en el replanteo que América latina tanto necesita.