Las retenciones no permiten el desarrollo

La relevancia del sector agropecuario, tanto en la producción como en la industria, queda en evidencia en los indicadores que muestran a la Argentina como el quinto exportador y el octavo productor de alimentos y líder mundial en el comercio de oleaginosas y miel. En la última década, las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario crecieron de 4.927 millones de dólares a 8.136 millones, un 65,1% más.

Sin embargo, este aporte fundamental a la economía nacional no puede aprovecharse en toda su potencialidad porque aún se aplican viejas políticas, de probado fracaso, que convierten al Estado en socios del productor: las retenciones a las exportaciones significan más de 6.000 millones de pesos al año que las provincias pierden para ser utilizados en el desarrollo del interior.

En el país de la agroindustria hay millones de argentinos que padecen el drama de no tener qué comer cada día y miles de productores acosados por deudas.

Los gobiernos deberían tomar la producción como una cuestión de Estado y actuar en consecuencia, con leyes de fomento, cuidando la sanidad y calidad de los productos y, sobre todo, informando a los productores de la tendencia de los mercados.

El desarrollo de una política fiscal dirigida a facilitar la contribución tributaria, achicar el nivel de evasión y optimizar los recursos para el crecimiento del país es tan importante en la economía agropecuaria como la elección de una buena semilla, del momento oportuno para sembrar o del mejor agroquímico.

La soja actualmente es el producto más rentable, pero no se debe descuidar los riesgos que implica un monocultivo. Tenemos que tender hacia una agricultura sustentable. La recuperación de la agricultura permitió mejorar las economías de cientos de ciudades de todo el país, generando recursos que se reinvirtieron en el campo y en el consumo. Sin embargo, no en todas las producciones sucede lo mismo, no es lo mismo el algo dón, que la soja o el arroz y los cítricos.



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