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Las precursoras de la autogeneración

Vanguardistas de las energías renovables, apostaron por la sustentabilidad antes de que la reglamentación de la Ley 27.191 lo exigiese. Cuáles fueron los incentivos que impulsaron a estas empresas a innovar y qué beneficios económicos obtuvieron.

Las precursoras de la autogeneración

Con la Ley de Energías Renovables, el Gobierno impuso un cambio en la cultura de las empresas electrointensivas de la Argentina. Ante un escenario con una oferta de luz y gas cada vez más acotada, y una demanda en alza, la inversión en renovables se presenta como una de las soluciones que el sector industrial tiene para cubrir el déficit energético en el largo plazo. Sin embargo, algunas firmas locales, o radicadas en el país, apostaron por la autogeneración antes de que la Ley 27.191 se los exija.

Estas son empresas pioneras que, debido a los potenciales beneficios ambientales y económicos, decidieron poner un pie en la generación de energía limpia y reducir su consumo fósil. Fueron las primeras en asumir el riesgo, generar el know how para las diferentes partes del proceso de producción y construir nuevos clusters estratégicos, incluyendo técnicos, operarios y pymes desarrolladoras de proyectos sustentables. No son muchas: en parte, porque las tarifas de luz y gas estuvieron planchadas y subvaluadas durante años y, también, porque la inversión en este rubro suele ser elevada.

Anticipo de coyuntura

Los motivos difieren, pero existe un denominador común que llevó a las firmas consultadas por El Cronista a pisar fuerte en el rubro: el anticipo. "Entre 2003 y 2007, el país comenzaba a crecer a tasas chinas, y la oferta y disponibilidad de gas a nivel nacional no crecía a la par de la demanda", explica Miguel Ullivarri, gerente de Medioambiente de Ledesma. Y completa: "La Argentina no podía suministrar la energía necesaria y empezó a importar gas de Bolivia, por lo cual vimos que esta tendencia se iba a mantener e incluso incrementar, y que los costos de manufactura tenían una pendiente inclinada hacia arriba".

El mismo desequilibro se preveía con el suministro local de electricidad. "Nos adelantamos al aumento de las tarifas de luz, ya que la tendencia era previsible: un exceso de demanda frente a una oferta acotada", resume Félix Aldeco, presidente de Control Point, una pyme mendocina que ofrece soluciones de ingeniería en la producción de energía solar fotovoltaica.

Con esta certeza, la gigante jujeña y la start-up cuyana abrieron el juego y pusieron en marcha sus respectivos proyectos de autogeneración.

En 2011, la azucarera desembolsó u$s 30 millones en la instalación de tecnología de punta y maquinaria agrícola para recolectar los residuos de la cosecha de caña de azúcar y, así, generar gas a partir de biomasa. "Esto nos permitió, este año, producir 90.000 toneladas de biomasa, que equivale a 30 millones de metros cúbicos de gas", precisa Ullivarri. Tan solo con esta fuente no fósil, Ledesma cubre el 20% de su consumo de gas natural anual. Asimismo, el ejecutivo afirma que "el 53% de de la energía que genera la central termoeléctrica proviene de fuentes renovables", si se tienen en cuenta otras vías limpias de suministro como la hidroelectricidad.

Con el mismo objetivo, pero a menor escala, Control Point instaló, en el galpón de su casa matriz, 66 paneles solares que brindan 22.500 KWh por año. "Esto nos otorgó doble beneficio: suministra el 50% de nuestro consumo eléctrico, y es la mejor manera de presentar a los clientes el servicio que brindamos", apunta Aldeco.

Si bien el proyecto requirió una inversión de u$s 70.000, la retribución fue importante. La pyme no solo redujo costos fijos, sino que, además, pasó a ser productora de energía. "Instalamos un medidor bidireccional con el fin de poder inyectar energía eléctrica a la red pública de distribución, y que la empresa tenga un crédito a futuro", señala Aldeco. En el balance, cuenta, haberse arriesgado valió la pena "desde cualquier ángulo de donde se lo mire".

Aprovechando el subproducto

Si bien la reducción de costos está presente en los empresarios, este no fue el único motivo que los llevó a invertir en autogeneración. Algunos decidieron dar el salto para incentivar una cultura de responsabilidad entre sus empleados o, en otros casos, porque vieron una oportunidad de aprovechar algún subproducto del proceso de producción.

Manuel Ron, director Ejecutivo de Bio4, empresa cordobesa productora de bioetanol, cuenta que tiene en la mira que la planta funcione al 100% de forma autosustentable. Esto implicaría desembolsar u$s 7 millones y, para ello, la firma está buscando en Estados Unidos maquinaria y equipos que puedan generar energía a partir de la digestión de la vinaza de maíz, un subproducto. De este modo, la meta es suplantar gas por energía limpia."La vinaza tiene un gran contenido energético que puede utilizarse para dos cosas: producir burlanda (alimento para ganado que la empresa exporta), o biogás", explica Ron. El costo de oportunidad es grande, ya que "hay una demanda creciente por la burlanda en el exterior", pero el empresario apuesta por las renovables. "Con esto, vamos a generar 3 MWh tope y reducir los costos en $ 1 millón al mes", concluye.En la misma línea, Mariano Goi, jefe de Ingeniería de Arcor, aclara que el impulsor de la transformación del consumo se debe a que "la producción de azúcar tiene como subproducto asociado el bagazo, que es una biomasa apta para su quema en caldera y la generación de energía eléctrica, sustituyendo así el consumo de gas natural".

La multinacional destinó u$s 7 millones a calderas de alta presión y, de esta forma, genera 22.000 MWh anuales de electricidad. "Se vislumbraba a futuro una normativa que reglamentará el consumo de energía renovable a nivel industrial", dice Goi, como otro de los porqués de poner un pie en el cambio.

"Es una acción completamente ecológica", afirma, a su vez, Eduardo Poet, jefe de Ingeniería del Sheraton. La firma inició el camino de la eficiencia energética hace algunos años y montó, en julio, dos módulos solares de 120 W en el techo del edificio en el barrio porteño de Retiro, alcanzando 1 KW de potencia. La inversión fue de $ 300.000. Poet destaca que este fue un primer paso y que aún está por evaluarse cómo encarar las exigencias de la nueva ley. "Estamos a la espera de que estén claras las reglas de juego", señala el ingeniero.

Algunas leyes, como la 27.191, abren el juego a que empresas mejoren sus hábitos. Contado en palabras de los pioneros del rubro, el cambio de cultura de consumo energético era necesario. Algunos, supieron anticiparlo.
Santiago Lilo

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