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La relación inevitable entre los municipios y la IT

El autor resalta el rol de la modernización en la gestión pública local. El proceso implica cambios en las formas de gestión, modifica estructuras jerárquicas, replantea flujos de trabajo.

En los últimos años y en un contexto de demandas sociales cada vez más heterogéneas, se produjo una revalorización de lo local como espacio de referencia más cercano para los ciudadanos y de los gobiernos locales en tanto actores insustituibles para el bienestar de una sociedad. Así, se observa en este espacio de proximidad una creciente ampliación de cuestiones en las agendas de los municipios (promoción económica, desarrollo sociocultural, preservación del espacio público, atención primaria, seguridad, etcétera).
Asimismo, la dimensión territorial tiene también un mayor protagonismo en la elaboración de políticas públicas nacionales y provinciales en la medida en que muchas políticas se instrumentan a través de programas y proyectos que requieren del anclaje territorial que aportan los municipios, los cuales no son simples ejecutores de decisiones tomadas en niveles superiores de gobierno.
De lo mencionado hasta aquí se desprende la imperiosa necesidad de fortalecer las capacidades de gestión de los municipios. Un buen gobierno local no es un artículo de lujo sino un bien de primera necesidad. Y al buen gobierno local contribuye el uso intensivo de las tecnologías de información (TI) en la medida en que permiten, entre otras cosas, simplificar trámites, realizar transacciones con menos costos y tiempos de espera, rendir cuentas, fomentar la transparencia e incentivar la participación ciudadana. Experiencias como las de Rafaela, Curitiba, Peñalolén y Medellín, entre otras, así lo demuestran.
Lejos de ser un mero ejercicio técnico destinado al desarrollo y mejora de programas y servicios en la red, la utilización de TI implica afrontar múltiples desafíos, entre los cuales se destacan no caer en las modas ni los cantos de sirena de las tecnologías, diseñar e implementar iniciativas en función de las intereses de los ciudadanos, evitar desarrollar grandes planes que pretendan hacer una fuerte incorporación tecnológica de la noche a la mañana, priorizar la gestión de datos como insumo para la toma de decisiones, jerarquizar el rol del área de Sistemas, asumir las dificultades de contar con personal calificado dada la baja competitividad salarial en relación al sector privado, gestionar la tensión entre el dinamismo tecnológico y los plazos de compras y adquisiciones en el sector público, mejorar el vínculo con la industria, evaluar para (re) orientar decisiones, operar con estándares abiertos y entornos seguros, construir marcos legales y reducir la brecha digital.

Liderazgo en el Estado

Afrontar todos estos desafíos mencionados requiere de un liderazgo estratégico por parte de los políticos y directivos públicos para impulsar y sostener procesos de cambio organizacional.
Es importante tener en cuenta que la introducción de estas herramientas tecnológicas afecta diversas formas de gestión, modifica estructuras jerárquicas, replantea flujos de trabajo, reasigna recursos humanos y redefine, asimismo, partidas presupuestarias, entre otras cuestiones. Es decir, el uso intensivo de las tecnologías de la información altera el equilibrio de poder de los municipios.
El valor de las herramientas tecnológicas es innegable. Sin embargo, aquellos políticos y funcionarios públicos que estén dispuestos a emprender y consolidar procesos con valor agregado para los ciudadanos deben evitar los riesgos asociados a promover esfuerzos guiados pura y exclusivamente por la apelación a la buena voluntad.

(*) Diego Pando es profesor de la Escuela de Administración y Negocios de la Universidad de San Andrés e investigador del Centro de Tecnología y Sociedad.

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