La misión de Kirchner a Colombia no fue en vano: sigue habiendo una oportunidad de éxito

La determinación del ADN del niño Emmanuel, parece dar la razón a quienes califican a la misión del ex presidente Néstor Kirchner como un fracaso. Creo sin embargo que el tema merece otra mirada, más objetiva y estratégica. Las mismas voces que afirman el fracaso, acusan al ex Presidente de haber olvidado la política exterior durante su período, aislando a la Argentina del mundo. Sea por razones de personalidad o de prioridades coyunturales, lo cierto es que la cuestión internacional no figuró entre los objetivos más importantes del período que acaba de terminar, y que por ello resultó mas visible la decisión de Cristina Fernández de modificar ese rumbo y lograr más y mejor presencia internacional para nuestro país. Pero lograr relevancia en política internacional no es un camino lineal, ni exento de riesgos. En especial, porque siempre se trabaja con información imperfecta, con muchos actores y con tiempos difusos para medir éxitos o fracasos. Por ello se requiere una combinación de paciencia y audacia. Si nadie se animase a tomar riesgos, no habría mediadores cuando las guerras son inminentes, ni misiones humanitarias casi imposibles, ni intentos de formar alianzas que cambien el tablero del poder. Pero porque hay riesgos, también hay recompensas, que son - en general- proporcionales a la apuesta. ¿Qué hubiera sucedido si la foto de tapa hubiese sido la de un ex presidente argentino recibiendo a los rehenes en Villavicencio?

Sin duda, mas allá del rédito personal para NK, se habrían abierto espacios importantes para nuestra diplomacia, por ejemplo en la relación con Francia, en la posibilidad de mediar en el complejo vínculo entre Colombia y Venezuela, o de tener una voz más escuchada en el ámbito regional y multilateral sobre el problema de los secuestros, la violencia, los derechos humanos y el mismo drama colombiano, que debe convertirse en una prioridad regional. Por el contrario, si la Argentina se hubiese perdido la foto, la crítica sería que seguimos ausentes de los grandes acontecimientos internacionales.

Otra crítica se refiere al impacto de esta operación en la relación con EE.UU. En este tema, es bueno observar la estrategia de Brasil, que lejos de paralizarse por el ‘que dirán en el Norte’, actúa en la región con sus propios objetivos al tiempo que dialoga con Washington, construyendo una agenda dinámica que no está armada sobre la base de la reacción del otro sino del pragmatismo.

Porque hay éxitos que terminan en fracasos, y fracasos que pueden convertirse en éxitos, y porque estas cuestiones seguirán presentes en la agenda regional e internacional, nuestra Cancillería puede ahora aprovechar el riesgo que tomamos, y aumentar su presencia en estos temas que forman parte de lo mejor de nuestra tradición diplomática. Por ello mi conclusión es que si bien tal vez se hubiese necesitado un poco más de ‘sintonía fina’ para manejar mejor toda la información y por tanto todos los procesos, es mucho mejor estar presente, que dejar que otros construyan la historia.

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