La mirada pública vuelve otra vez al Senado

En la jerga política –que ha caído bastante en desuso– a los senadores se los conoce como los Padres de la Patria, una referencia al bronce que se supone tienen sus integrantes por su extensa trayectoria, y también por lo extenso de sus mandatos (antes de la reforma constitucional de 1994 el mandato era de 9 años, mientras que en la actualidad es de 6). Pero en la realidad el Senado es dueño de una imagen y de una historia reciente que está lejos del bronce y de los próceres. Los escándalos por las denuncias de corrupción se anticipan y oscurecen cualquier debate sobre el valor de su actividad legislativa.

A menos de dos años de la efervescencia popular del que “se vayan todos , son varias las caras conocidas que ingresan a la Cámara Alta, algunas con reputación indiscutida –generando incluso la expectativa de que logren aportar capacidad y eficacia al deteriorado Poder Legislativo– y otras de dudosa credibilidad. Lo cierto, es que el Senado inició ayer un nuevo ciclo con la jura de los 21 nuevos integrantes, surgidos de las elecciones provinciales que se sucedieron a lo largo del año en un extenso calendario electoral.

Estrenarán escaño a partir del 10 de diciembre gobernadores actualmente en ejercicio, como los peronistas Rubén Marín (La Pampa) y Carlos Reutemann (Santa Fe), y el radical Oscar Castillo (Catamarca). También lo hará un socialista por primera vez después de 41 años, el santafesino Rubén Giustiniani.

La opinión pública mirará con ojos más críticos la vuelta al ruedo del catamarqueño Ramón Saadi, que actualmente es diputado nacional y se hizo un lugar en la historia cuando debió resignar el gobierno de su provincia al desatarse un escándalo político por el crimen de María Soledad Morales. En el tándem están también el tucumano Ricardo Bussi –hijo del general retirado Antonio Domingo Bussi– y el ex gobernador de esa provincia, Julio Miranda.

¿Podrá esta vez el Senado reconvertir su imagen frente a la sociedad y su situación institucional? La historia reciente lo condena: en 2001, las denuncias fogoneadas por el entonces vicepresidente Carlos Chacho lvarez, acerca de presuntos cobros de coimas en el tratamiento de la ley de Reforma Laboral provocó un sismo en el Gobierno de la Alianza y significaron el principio del fin de la gestión de Fernando de la Rúa. Un año después, surgió otra tormenta, cuando se destaparon las vinculaciones del lobbista Carlos Bercún con un senador peronista, en un enredo que involucró al Banco Central y al Ministerio de Economía, y en el que volvieron a instalarse las sospechas de coimas.

La Cámara buscó el cambio en los últimos meses poniéndose al frente de la embestida contra los jueces de la Corte Suprema de Justicia, pero aún el modo de encarar ese proceso constitucional de juicio político ha sido cuestionado por varios sectores.

La fórmula para lograr un Senado sólido y eficaz, con todo, no resulta difícil en su enunciación: más sesiones, más leyes necesarias, mayor transparencia y menos campaña electoral. ¿Podrá cumplirse?



Más de Impresa General