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La guerra a los motores diésel

Diversas ciudades europeas, Londres entre ellas, viven momentos críticos en relación a la calidad de su aire. Y este combustible parece estar en la primera línea de responsabilidad. Riesgos y medidas.

La guerra a los motores diésel

Las pantallas de las paradas de colectivos alertan que la contaminación del aire está en niveles máximos y desaconsejan el ejercicio al aire libre. Lo mismo hacen las pantallas de las estaciones de subte. La alerta se repite en los diarios, la radio, la televisión y en carteles en las avenidas más transitadas. No es ninguna ciudad china, es Londres. Y la "neblina" que envuelve la ciudad no es otra cosa más que contaminación.

Como otras urbes europeas, Londres está atravesando momentos críticos respecto a la calidad del aire. El 6 de enero pasado algunas de sus avenidas ya habían alcanzado el límite de contaminación que impone la Unión Europea para todo un año. Según datos oficiales de la ciudad, la contaminación del aire fue responsable de 9.400 muertes en el 2015, y todo indica que este número habrá aumentado cuando se den a conocer las cifras de 2016.

Muchos comparan esta crisis con la que vivió la ciudad en los años '50, aunque, mientras aquella vez la culpable era la combustión de carbón para calefacción e industria, hoy todos señalan a los autos diésel como los responsables.

Ante esta situación, el alcalde Sadiq Khan anunció que aumentará el Congestion Charge (un "peaje" que pagan los autos para entrar a las zonas más congestionadas de la ciudad) para los autos más contaminantes: de 11,50 libras (alrededor de $ 218) diarios pasará a costar 21,50 libras (aproximadamente $ 408). Esta medida, que, se espera, afectará a más de 10.000 vehículos, entrará en vigor el próximo 23 de octubre. Además, la alcaldía planea establecer zonas de emisiones ultra bajas en distintos puntos de la ciudad con el objetivo de desincentivar el uso de los automóviles más sucios.

Pero Londres no es la única ciudad en guerra contra los motores diésel. En la cumbre de la red de ciudades C40 que se desarrolló en la Ciudad de México el año pasado, París, Atenas, Madrid y México DF decidieron prohibir los vehículos diésel a partir del 2025. Aunque luego el Ayuntamiento de Madrid negó que fuera a tomar tal decisión, París ya ha dado pasos en concreto: se prohibió el ingreso a la ciudad a los vehículos diésel anteriores a 1997 y se estableció que estas restricciones van a endurecerse cada año a partir de 2020.

Además, en 2016, y siguiendo un pico en la contaminación ambiental sin precedentes en los últimos 10 años -las fotos de la Torre Eiffel envuelta en una nube de smog abundan en la red-, se restringió severamente el tráfico por dos días seguidos. Según la Asociación Nacional para la Prevención y Mejora de la Calidad del Aire de Francia, la contaminación ambiental es la tercera causa de muerte en ese país, siendo responsable de 48.000 muertes anuales. La alcaldesa Anne Hidalgo dejó bien claro que su ambición es “prohibir los vehículos diésel en París, siguiendo el modelo de Tokio”. La capital japonesa eliminó la circulación de automóviles diésel en el año 2000.

En la misma línea, en enero de este año, Oslo prohibió la circulación de autos diésel por un par de días para contrarrestar un pico de contaminación. La medida generó indignación en los automovilistas de la capital noruega. Es que, como en muchos otros países europeos, durante los últimos 10-15 años Noruega fomentó el uso de autos diésel.

 

¿Qué es lo que pasó?

Los motores diésel emiten 20% menos de dióxido de carbono (CO2) por kilómetro que sus pares a nafta, por lo que, en el marco de la lucha contra el cambio climático, los países europeos establecieron un conjunto de políticas públicas, como beneficios impositivos, para incentivar su compra. Estas políticas fueron tan exitosas que hoy en día la mitad de vehículos que circulan en Europa tiene motores diésel.

Sin embargo, estos motores, a diferencia de los nafteros, emiten óxidos y dióxidos de nitrógeno (NOx), y material particulado (PM). El hollín muy fino de este PM puede penetrar en los pulmones, contribuyendo a enfermedades cardiovasculares. Por su parte, cuando son emitidos al ras del suelo, los NOx ayudan a formar ozono, el cual es muy perjudicial para las enfermedades respiratorias, exacerbando el asma, la bronquitis y generando problemas respiratorios aún en personas sin antecedentes. Los motores diésel son los mayores contribuyentes a las emisiones de dióxido de nitrógeno (NO2), y muchos estudios muestran que estas son especialmente dañinas. Según el Departamento de Agricultura y Medio Ambiente del Reino Unido, estas emisiones son responsables de 23.500 muertes anuales en todo el país. La OCDE calculó que las muertes por contaminación del aire tuvieron un costo de u$s 86 mil millones en 2010, una cifra nada despreciable.

Si bien la industria automotriz desarrolló filtros capaces de disminuir la contaminación de los motores diésel, el escándalo Volskwagen -en el que se descubrió que autos diésel tenían un software especial para contaminar menos cuando estaban siendo evaluados- generó mucha desconfianza en su capacidad para disminuir las emisiones. Nuevos tests conducidos por el Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT, por sus siglas en inglés) muestran que los autos diésel modernos emiten, en promedio, siete veces más NOx que el límite que establece la Unión Europea. Otro estudio del think tank con base en Bruselas Transporte & Medio Ambiente demostró que nueve de cada diez autos diésel excede ese límite.

 

Lo que viene

Todo indica que las restricciones a los vehículos diésel se van a ir incrementando con el paso del tiempo, disminuyendo la demanda por un lado y obligando a las automotrices a reducir cada vez más las emisiones de NOx y PM, lo que seguramente incrementará costos, por el otro. El mercado británico parece ya estar dando cuenta de este fenómeno: en febrero de este año, las ventas de autos diésel cayeron 9,2% interanual, mientras que las de sus pares nafteros aumentaron 5,8% y las de los vehículos eléctricos saltaron casi 50%. Parece clarísimo hacia dónde va el mercado.


La Argentina produjo 186.358 vehículos diésel en el 2015 (el 35% del total), y exportó a México y a Europa 5,1% y 2,8% de la producción total, respectivamente, según datos de la Asociación de Fábricas de Automotores de la Argentina. De la rapidez de reflejos de los fabricantes locales dependerá que el combate contra la contaminación ambiental que se está librando en varias ciudades del mundo no sea una nueva tormenta para el sector.

 

Negacionista reloaded

“Creo que medir con precisión la actividad humana sobre el clima es un gran desafío y existe un desacuerdo importante sobre el grado del impacto. No estoy de acuerdo en que [el CO2] sea el causante principal del calentamiento global actual”, dijo Scott Pruitt, al frente de Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos en la era Trump, y conocido escéptico del cambio climático. La posición pública que aún mantiene la organización que dirige -y el consenso científico mayoritario- sí vincula a este fenómeno con el aumento de las concentraciones de CO2 en la atmósfera.

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