¿La bonanza no tiene fin?

Por Victor Peirone, economista

Las economías latinoamericanas crecen por sexto año consecutivo al impulso de una fuerte demanda externa de productos primarios. Petróleo, cobre, celulosa, soja, maíz, etc. registran niveles de precios excepcionales. Esto mejora los ingresos por exportaciones, facilita la consecución de superávit comerciales y fiscales y, consecuentemente, permite aumentar el consumo de estas economías. Frente a este nuevo escenario, es dable plantear tres cuestiones vinculadas con su sostenibilidad. El debate sobre la sostenibilidad de largo plazo no es sólo un problema teórico. El mismo permite vislumbrar las políticas monetarias y fiscales más adecuadas para aminorar el impacto de las crisis asociadas con las frecuentes e impredecibles reversiones en los ciclos económicos, evitando así cambios bruscos en el crecimiento de las sociedades.

n Primero, la incertidumbre sobre si esto es un cambio estructural permanente o sólo un ciclo favorable. Si es un cambio permanente, las economías no deberían preocuparse demasiado por la sostenibilidad ya que los nuevos niveles de precios llegaron para quedarse. Si en cambio este fuera sólo un ciclo favorable, los países deberían aplicar políticas monetarias y/o fiscales contracíclicas para mantener alineado el gasto y el consumo a fin de evitar problemas en el futuro. Esta cuestión no sólo afecta a los gobiernos actuales. Los votantes castigarán fuertemente a las administraciones equivocadas sobre el diagnóstico en este dilema.

n Segundo, ¿será Latinoamérica un espectador inmune a los coletazos de los problemas financieros de los mercados de hipotecas en los países desarrollados? Los canales de transmisión de las crisis son tema frecuente de discusión académica y política. La inmunidad no está completamente asegurada, ya se reciben algunas señales. Los procesos de ajuste de economías desarrolladas difícilmente no tengan algún impacto en los países en desarrollo. Los embarques de materiales de construcción a los Estados Unidos verifican recortes y los spreads en los mercados emergentes aumentaron. La reducción de la liquidez en los mercados emergentes ha demorado el regreso al mismo de gobiernos y empresas. Los emisores esperan un mejor momento para retornar.

n Tercero, cómo se distribuye la bonanza. Con altos grados de informalidad, deficiente provisión de bienes públicos (educación, salud, seguridad y justicia) y sistemas financieros poco profundos, los beneficios del mayor consumo son disfrutados por segmentos medios y altos, pero no alcanzan a derramarse sobre amplios estratos de la población. Las estadísticas muestran una baja de la pobreza y la indigencia mayor a la real. Las mismas están basadas en canastas de consumo de bienes y servicios, pero no consideran que cincuenta por ciento de la población tiene empleos informales. Las economías latinoamericanas son en cierta medida duales. La mitad de la población disfruta de los beneficios de altos niveles de protección social y el otro cincuenta por ciento espera por mejores momentos. En ese sentido, la integración social de los asentamientos urbanos precarios y la pobreza rural asociada a pequeños minifundios resulta el mayor desafío de las sociedades latinoamericanas.

Cambio estructural o ciclo, espectadores o no y bonanza para algunos o para todos son algunos de los desafíos latinoamericanos presentes. La política es una poderosa herramienta de cambio y el debate en las sociedades no pueden estar ausente. Parafraseando a don Atahualpa ‘las penas son de nosotros, las bonanzas son ajenas y para siempre?’