“La Argentina aún no tiene un modelo de parques tecnológicos

Felipe Romera Lubias, presidente de la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España, participó en Buenos Aires de una jornada de debate sobre políticas para la consolidación de los parques. Analiza por qué esta modalidad no se desarrolló en el país, y desliza críticas al Estado y las empresas.

z ¿Cuál es su análisis respecto al funcionamiento de los parques tecnológicos en la Argentina?

La Argentina aún no tiene un modelo de parques. En los últimos 10 años he tenido la oportunidad de visitar varias veces el país y he visto que intentan construirlo, pero no está claro ni siquiera la forma de hacerlo. Hay que recordar que los parques son iniciativas públicas. Son los gobiernos nacionales o provinciales quienes deben impulsarlos, porque así funciona en el mundo. El país tiene su gran oportunidad ahora, en un contexto de situación más propicia, de desarrollo económico tras la recesión. E impulsar una infraestructura de parques representa un modelo de referencia para dar un salto importante dentro de la nueva sociedad de conocimiento del mundo tecnológico. No tenerla provoca un lastre de oportunidad. Un parque debe articular los sectores de formación e investigación con el mundo empresarial. Estas políticas, si bien han constituido un avance importante respecto de otros períodos, aún no se han ensamblado en una estrategia nacional de desarrollo y deberán convertirse en políticas de Estado para que sus efectos se hagan sentir sobre la estructura productiva. La incubación y la radicación de empresas basadas en la tecnología, en conjunto con universidades y centros de investigación son mecanismos que aún deben emerger en la Argentina. El parque ya no es un elemento de riesgo. El mismo está en no hacerlo.

¿Y puntualmente qué le falta al país para lograr este desarrollo?

Para el desarrollo de parques se necesita mucha inversión y creo que el país tiene hoy una caja para su fomento. Se necesitan infraestructuras de 50 hectáreas como mínimo. La Argentina puede utilizar instalaciones obsoletas. Veo muy viable que el país pueda tener seis o siete parques tecnológicos por su conocimiento en la materia e innovación. Pero es vital para su correcta ejecución, buscar espacios físicos dotados de infraestructura y equipamiento compartido entre Estado y empresas, lo que permite un ahorro de costos iniciales a las compañías, las que, al estar insertas en agrupamientos flexibles, encuentran un soporte para transformar proyectos en productos. El Estado debe dar el puntapié inicial, facilitando la infraestructura y articulando vínculos con las universidades. No hay otro camino. La Argentina tiene mucha materia gris desaprovechada al no potenciar estos complejos. Hay grandes oportunidades en los sectores de tecnologías de la información, biotecnología. Pero también están los sectores tradicionales argentinos, como los agroindustriales, donde la incorporación de valor supone una reconversión y nuevas oportunidades para competir a nivel mundial. Hay iniciativas, pero no un modelo que integre los recursos económicos, tecnológicos, financieros y de gestión de las empresas.

¿Qué aconseja que la Argentina copie del modelo español?

España cuenta con 25 parques y otros 70 en desarrollo. Y el proceso empezó por las provincias. Durante mucho tiempo, el gobierno nacional no prestó atención a este desarrollo. Recién en el año 2000 tomó como iniciativa el apoyo a los parques. Y ahora todas las políticas se ubican en la misma dirección, sin importar el partido político que ocupa el Ejecutivo. Yo aconsejo que la Argentina empiece con una política sustentable que sea compartida por cualquier expresión política, no puede cambiarse a los pocos años. Hay que relevar, salir a buscar el valor que aportan los investigadores, emprendedores y otorgarles un espacio físico donde puedan seguir desarrollando sus ideas, lo que terminará repercutiendo en la economía del país.

¿Qué debe hacer el Estado para fomentar la innovación?

Hay políticas que se pueden aplicar en cualquier país, donde el Estado debe mostrar el camino. Primero, favoreciendo la creación de empresas, por eso la importancia de las preincubadoras, pero hay que tener muchas. Cuando uno ve que Brasil tiene más de 350 incubadoras, es un ejemplo envidiable. El siguiente paso radica en no abandonar nunca el lugar de encuentro entre los sectores público y privado, las universidades con las empresas. Esto no se puede dejar de crear. Y hay que tener una política general no sólo con las empresas más innovadoras, también prestarle atención a las tradicionales, para que se modernicen por ejemplo, que empiecen a hacer innovación. Y las que ya han avanzado en la materia, facilitarles los procesos para una mayor investigación y desarrollo. Fomentar luego la unión de los parques tecnológicos a los industriales, donde trabajan y buscan su desarrollo muchas empresas tradicionales. Ese trabajo en red, coordinado, es el puente hacia la modernización y avance tecnológico de las pymes.

Dentro de un proceso de incubación, ¿cuáles son los factores clave para aumentar la tasa de éxito?

Dentro de la incubación no debe importar tanto el éxito. El elemento más importante es tener masa crítica. Más que preocuparse porque no se mueran, prestaría atención por la existencia de muchas. De esa forma se puede seleccionar mejor. En nuestros parque de Málaga nos decían que tenían mucho éxito y eso me preocupaba mucho, porque la incubación debe morir para continuar con el proceso de desarrollo. Y me di cuenta que tenían éxito porque las empresas que llegaban a las incubadoras ya habían sufrido tanto para llegar allí que luego no se morían. Entonces, es muy importante aplicar procesos de preincubación, ayudar a la idea de un emprendedor, y ahí se nos empezaron a morir más empresas, pero tenemos más casos y sustentables.

¿Qué puede hacer el empresario para sumarse a la red si el Estado aún no potencia los lazos?

El empresario tiene que ganar dinero, que su empresa sea cada vez más importante y competitiva. Y el factor tecnológico tiene cada vez mayor importancia para este logro. El Estado tiene que ayudar, y participando de entornos de innovación, donde estén al alcance de su mano fácilmente. No hay que intervenir al empresario, sino acompañarlo sin molestarlo, aburrirlo. Si el empresario observa esta acción, sentirá más deseo y posibilidades de lanzar un nuevo proyecto. El empresario, muchas veces, no entiende cómo innovar y lo percibe como una barrera. Es aquí donde el Estado tiene que allanarle el camino para que el empresario entienda y compruebe que la innovación es hoy el único instrumento que tiene para sobrevivir y competir.

¿Cuáles son esas barreras que obstaculizan la innovación empresaria?

Por ejemplo, en base a nuestros estudios, si uno hace una encuesta en la Argentina a los medianos empresarios y se les pregunta por qué no utilizan las tecnologías de la información, contestan que no las necesitan. Y eso es una barbaridad. Este desconocimiento es una gran barrera. Otro obstáculo que encontramos radica en que muchos empresarios no tienen conciencia en que si le dan la espalda a la innovación, ya sea en sus procesos y productos, van camino a desaparecer. El ejecutivo suele estar en el día a día y no lo observa. ¿Y cómo se rompen estas barreras? Cambiando la cultura, que debe bajar del Estado. El riesgo de innovar es muchísimo menor que el riesgo de no hacerlo.

¿Cree que el empresario argentino está dispuesto a trabajar en conjunto con un competidor para un mejor desarrollo?

El empresario hace lo que puede. Lo que ocurre es que hay oportunidades que se desconocen porque nunca las ha visto. Si bien, a mi entender, el nivel de competencia entre las pymes, y no sólo en la Argentina, es mayor al deseado, muchas veces para crecer hay que colaborar. Competir y cooperar al mismo tiempo son elementos fundamentales para una exitosa innovación, que tendrá como resultado final la obtención de mayor dinero para toda la cadena.

¿Cómo calificaría el rol de las universidades dentro del proceso de búsqueda y selección de emprendedores?

Sin duda que en la Argentina las universidades deben mirar más al sistema productivo, con mayor compromiso, ofreciéndole sus instalaciones para empezar a tejer vínculos. La cooperación es vital para este desarrollo. Esto que es fácil de decir, es difícil de hacer. El empresario tiene que acercarse en mayor medida a buscar valor en la universidad. Es un camino de ida y vuelta. Por eso, los parques científicos propician el ámbito ideal, como lugar neutro, de comunicación e integración entre el mundo académico y empresarial, y que ambos sostengan valor, sino el desarrollo se interrumpe.

Martín Coccaro