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Inestabilidad política

Cada uno de estos elementos de inestabilidad -los británicos, los europeos y los internacionales- interactuarán entre sí en los próximos meses de forma impredecible. Esto hará que a las empresas y los políticos les resulte extremadamente difícil planificar el futuro.
Luego de una conmoción política como esta, Gran Bretaña precisa imperiosamente un período de estabilidad para recuperar el aliento y planificar cuidadosamente el futuro. Sin embargo, la realidad es que Gran Bretaña parece estar lista para la inestabilidad política, social y económica.
La renuncia de David Cameron al cargo de primer ministro dio el pistoletazo de salida a una contienda por la dirección del Partido Conservador gobernante que insumirá los próximos tres meses de la política británica. Cameron había dicho que un referéndum finalmente resolvería la polémica de su partido sobre Europa, que data de varias décadas. Pero lejos de sanar las heridas dentro del Partido Conservador, el referéndum las abrió de par en par.
Es posible que el próximo dirigente del país -muy probablemente Boris Johnson, ex alcalde de Londres- sea partidario de salir de la UE. Pero un nuevo primer ministro intentará unir a un gobierno y manejar una negociación increíblemente compleja con la UE en el contexto de un partido que está en guerra consigo mismo y la conmoción económica desatada por la pugna de su partido a favor del Brexit.
Estos problemas serán aún más difíciles debido a las profundas divisiones sociales y regionales de Gran Bretaña, que se pusieron de manifiesto en el referéndum. Nicola Sturgeon, primera ministra de Escocia, ya dijo que es “muy probable” que Escocia sea el escenario de un segundo referéndum sobre su independencia. A diferencia de Inglaterra, Escocia claramente votó a favor de permanecer dentro de la UE, por lo que ahora parece mucho más probable que el país opte, efectivamente, por salir. El referéndum también reveló una profunda división entre Londres y buena parte del resto de Inglaterra; la capital votó por un amplio margen a favor de permanecer. Dada la importancia de Londres en la economía del Reino Unido, esta decisión será una fuente de tensión.
También surgió un fuerte contraste entre los votantes jóvenes y los de mayor edad; los menores de 25, fervientes partidarios de permanecer, fueron derrotados por los jubilados antieuropeístas. Eso no hará más que fortalecer el sentido de injusticia generacional dentro de una cohorte de jóvenes, que lidia con empleos precarios, salarios bajos, precios elevados de la vivienda y el aumento de la deuda estudiantil.
Los problemas del próximo gobierno británico se agravarán por el hecho de que en la campaña del Brexit se dejó deliberadamente ambigua la cuestión de lo que efectivamente significa “salir”. Los partidarios de abandonar la UE intentaron dar la impresión de que Gran Bretaña seguirá teniendo pleno acceso al mercado único de la UE y controlando la inmigración desde Europa retirándose de la libre circulación de personas entre los estados de la UE.
Pero es poco probable que la UE ofrezca esa combinación de opciones. En consecuencia, la formación de una postura de negociación británica coherente será muy difícil e implicará decisiones controversiales.
A los altos funcionarios les preocupa que la mera complejidad de la tarea de desvincular a Gran Bretaña de la UE consuma la maquinaria del gobierno e incluso pueda llegar a requerir la formación de un ministerio completamente nuevo. La dotación de ese ministerio con personal idóneo y responsable será difícil dado que la mayoría de los altos funcionarios públicos del Reino Unido no creían en el Brexit (por decirlo de manera sutil) y se quedarán atónitos y deprimidos frente a la tarea que les espera.
Los problemas de negociar un nuevo acuerdo con Europa se verán exacerbados por la crisis dentro de la propia Unión. Una UE segura y exitosa podría llegar a un acuerdo de divorcio rápido y generoso con Gran Bretaña. En la realidad, sin embargo, la UE y los gobiernos que la integran saben que el populismo anti-UE está aumentando en todo el continente, alimentado por la migración, las políticas de austeridad y los largos años de estancamiento en países como Italia y España.

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