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Granero del mundo... ¿y ahora usina?

Aunque hay un largo trecho por recorrer, el país cuenta con condiciones óptimas para generar bioenergía. Muchos residuos que dejan distintos procesos agropecuarios o agroindustriales pueden adaptarse para su utilización como combustible. El biogás, por caso, requiere en su generación hasta un 85% de biomasa húmeda. Muchos establecimientos de producción intensiva de leche o carne (como es el caso de los feedlots) con piso de cemento pueden valerse de las excretas del animal para alimentar sistemas de autogeneración.
Investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) trabajan en la promoción y adecuación de los establecimientos productivos. Algo similar ocurre en industrias afines, como las plantas procesadoras de lácteos, las procesadoras de fruta o las productoras de jugos.
En algunas regiones del mundo se cultiva, por ejemplo caña de castilla, sorgos lignocelulósicos u otras gramíneas que se destinan para alimentar el proceso de gasificación. Un uso impensado -hasta hace años- para los productos de la naturaleza.

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