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Giro introspectivo

Una crisis con Gran Bretaña y la UE también representa una amenaza mayor a la economía global y el sistema político internacional en sentido más amplio. Es posible que la peligrosa introspección de la UE -un rasgo distintivo de la política internacional desde que comenzó la crisis del euro en 2009-se intensifique y esto acarreará consecuencias políticas globales.
Para Estados Unidos, la UE representa la segunda ala de Occidente y un pilar crucial del orden internacional liberal. Si este pilar empieza a tambalear y se quiebra, a Occidente le resultará más difícil actuar en forma unida. A la UE ya le resultó muy difícil dar una respuesta común y eficaz a la anexión de Crimea por parte de Rusia. Mantener la unidad europea será aún más difícil luego del Brexit.
Europa también estuvo ausente como un actor eficaz en Medio Oriente aunque se vio desestabilizada por las consecuencias de la violencia y la inestabilidad política que reinan en el mundo árabe. El miedo al terrorismo yihadista luego de los dos atentados a París del año pasado ayudó a crear tensiones políticas y sociales en Europa e incluso puede haber contribuido a un deseo de Gran Bretaña de poner cierta distancia entre el Reino Unido y Europa continental.
La decisión de Gran Bretaña y su impacto en Europa también tiene profundas repercusiones en la economía global. El mundo apenas se recupera de la crisis financiera de 2008 y ahora surgirán temores de una nueva recesión en la UE, que, considerada en su conjunto, es el mercado más grande del mundo.
También es posible que el voto de los británicos se interprete como parte de una reacción más amplia de quienes en Occidente creen que la globalización los dejó atrás. Exigen restricciones a la inmigración y se muestran cada vez más recelosos del libre comercio. Es probable que un acuerdo de salida restrinja la libre circulación de mano de obra entre la UE y el Reino Unido y lleve a la posible imposición de nuevos aranceles, ya que Gran Bretaña deja el mercado único. El mundo prestará mucha atención a cualquiera de estos movimientos como un posible presagio de una reacción más amplia contra la globalización.
El gobierno del Reino Unido siempre se manifestó a favor de la economía liberal dentro de Europa; con la salida de Gran Bretaña, es mucho más probable que la UE se incline hacia el proteccionismo. El aumento de esas presiones en Europa será observado por las economías asiáticas más importantes, incluyendo a China y Japón, cuyas industrias manufactureras precisan acceso fácil a los mercados de la UE. Es revelador que uno de los pocos políticos internacionales que festeja el resultado de la votación del Brexit sea Donald Trump -el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos-, que es un firme defensor del proteccionismo.
Trump, que estaba de visita en Escocia cuando se conoció el resultado del referéndum, aprovechó la oportunidad para hacer un paralelismo explícito con su propia campaña política en los Estados Unidos. Afirmó que los británicos quieren “volver a tener un país”, y agregó, “está sucediendo en Estados Unidos”.
Como la campaña del Brexit, Trump y algunos ultraderechistas de Europa están sacando provecho de la ira contra la élite, el resurgimiento del nacionalismo y una profunda sospecha hacia las altas finanzas.
Los aspectos financieros de la globalización también están bajo una posible amenaza. El papel de Londres como centro financiero global está en tela de juicio, dada la importancia del acceso al mercado único de la UE para muchas instituciones con sede en esta ciudad. Antes de la crisis financiera de 2008, los intereses de Londres podrían haber influido considerablemente en el electorado. Pero una protesta contra las altas finanzas formó parte de la revuelta anti-élite que puso en marcha la campaña del Brexit.

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