Gestión activa de deuda para el default

Hay alternativas para que el canje de deuda aporte al desarrollo y no signifique un recorte a los tenedores locales. El Gobierno podría ofrecer certificados de inversión

Cuál es el costo del default? Indudablemente las diez plagas de Egipto no llegaron, el avión presidencial continúa volando y el tema parece haber perdido centralidad en las noticias. De hecho, los especialistas sugieren un margen cada vez más acotado en el resultado final de la negociación. De 60 por 75 se vislumbra un 72 o 73 como porcentajes finales de un acuerdo. El argumento “nunca se ejecutó una deuda soberana parece ser el pilar central de la fortaleza de la propuesta argentina. Visto así, todo parece indicar que un país puede declarar su default sin mayores costos que desaparecer del mercado de crédito por largo tiempo. Si bien este no es un costo menor, en el corto plazo genera un vacío de responsabilidades –una discontinuidad entre el generador y declarador del default y las generaciones que se harán cargo de soportar los costos–.

Pero todo esto es discusión macroeconómica. La intención de estas líneas es indagar alternativas con una visión más ligada a lo microeconómico. Puede ser vendible periodísticamente que los acreedores externos son malos tipos a los que se debe domesticar con una propuesta dura y realista, pero en verdad la mayor parte de esos títulos no están en manos de otros sino de nosotros mismos. Y lo que es más dramático, no sólo en manos de argentinos que creyeron en su país, sino en los ahorros forzosos que nos vimos obligados a tomar en nuestra cartera previsional.

Quizás por eso me resulta difícil quedarme con un esquema monoalternativo. No hay costo de no haber alternativas disponibles. Semejante verdad de manual de microeconomía parece ser la idea básica de la estrategia oficial. Pero visto desde un tenedor forzado (léase futuro jubilado), la falta de alternativas implica que todos los costos corren por mi cuenta. La estrategia de evitar alternativas genera para el Gobierno una posición dominante que nos deja fuera de la negociación.

Cabe preguntarse si ésta es simplemente la estrategia oficial o realmente no existen alternativas. El punto central del argumento renegociador es la dicotomía entre deuda y desarrollo. Pagar implica una presión de tal magnitud que impide levantar vuelo a un país con una crisis como la argentina. Sin embargo existe la posibilidad de compatibilizar ambas alternativas. Esto es, utilizar el pago como mecanismo de desarrollo. Tales son las propuestas que abundan en las denominadas gestiones activas de deuda. Analicemos una alternativa, lo que técnicamente se denominaría un doble canje, de moneda extranjera por local y de deuda por capital.

De esta forma podría ofrecerse a los tenedores nacionales la alternativa voluntaria de cambiar sus papeles defaulteados por certificados de inversión. Estos certificados, previamente evaluados y aprobados, no son otra cosa que participación de capital de un proyecto de inversión privado o público.

El canje se haría respetando el cambio uno a uno, pero en pesos y en certificados. Por ejemplo, un tenedor de bonos por un millón de dólares obtendría un certificado de inversión 2.870.000 pesos (según el cambio del día). Pero sólo podrían canjearse los certificados por dinero contra la presentación de certificados de obras previamente aprobadas y efectivamente realizadas.

¿Dónde conseguir los pesos? Resulta claro que si se los busca por la presión fiscal no rompemos las dicotomía deuda-desarrollo. Simplemente de emisión monetaria. Y antes de aceptar como una verdad a priori la capacidad inflacionaria de la emisión, otorguémonos la chance de evaluar si es así. Y esta posibilidad se me ocurre simplemente porque venimos de triplicar la base monetaria en un plazo muy breve sin que esto haya generado la más mínima inflación, a excepción de unas décimas provocadas por el rescate de las cuasimonedas.

Por otra parte, la condición de emitir contra inversión realizada implica un aumento de la oferta real previo a la aparición de los billetes, lo que constituye su verdadero respaldo. Porque en realidad, la verdadera emisión sin respaldo fue la del momento de lanzar bonos en estado de virtual insolvencia. Podríamos aceptar como válido el argumento de la quita si estos bonos sin respaldo hubieran tenido una utilización menor. Pero en el caso de los tenedores nacionales esto excedió el medio de pago para utilizarse como reserva de valor forzosa. Entonces, puede ser una buena alternativa construir un respaldo de inversión a los bonos defaulteados en lugar de recortar de nuestros ahorros. La voluntariedad de una medida así permite continuar ofreciendo la quita del 75%, pero contrastada con la alternativa de tener acciones de una autopista, un correo o un supermercado.

Sin dudas la aparición de alternativas genera costos, pero esta vez para el Gobierno, y son costos de implementación. Para el simple jubilado virtual es un mayor equilibrio en la negociación. De todas formas si alguien prefiere continuar con los bonos, la alternativa del 75% siempre seguiría.



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