En el país, la firma no llegó a despegar

La láctea italiana Parmalat desembarcó en el país a mediados de los ’90, con una movida de marketing significativa: colocó su logo en la camiseta de Boca Juniors, en busca de un alto reconocimiento de su marca. El objetivo inicial de la compañía era terciar en la disputa entre SanCor y La Serenísima, los dos gigantes de la lechería local. Sin embargo, aunque invirtió 120 millones de dólares entre una planta en Pilar, y la compra de La Lactona, dueña de las marcas Gándara, Saavedra y Yogurlbelt, la firma no logró superar a las nacionales ni tampoco pudo acercarse a la multinacional suiza Nestlé, que en 2002 fusionó sus operaciones lácteas con las de la neocelandesa Fonterra, formando Dairy Partners America (DPA).

Aunque llegó a tener una participación de mercado relevante en helados industriales, yogures y ricotas, la falta de inversión y conflictos con los trabajadores trabaron la producción, y la dejaron atrás de Molfino (comprada por Saputo), Milkaut y Williner, que hoy procesan más leche que Parmalat.



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