El riesgo de ‘tirar de la cuerda’

La economía argentina tiene por delante un desafío de difícil resolución pero a la vez una oportunidad de crecimiento como no se presentaba desde hace muchas décadas.

Este año el Producto Interno Bruto (PIB) aumentará alrededor del 7% y el año próximo podría producirse una suba similar. Sin embargo el fantasma de la deuda sigue amenazando el futuro del país. Es una carga pesada que comprometerá el esfuerzo de los argentinos por muchos años y que lleva a diversos debates.

La discusión sobre el superávit primario necesario para pagar la deuda es, en sí misma, estéril. Lo importante no es el porcentaje del PIB sino el monto absoluto de ese producto que se puede destinar a pagar la deuda. Es decir, no tiene sentido decir que el 3% es poco y el 4% sería mejor si en realidad no sabemos de qué producto se está hablando. Un importante crecimiento constante de la economía no parece tan dificil, según el consenso de prestigiosos economistas, siempre y cuando se acuerde la salida del default.

El otro tema de debate es cuánto debe pagar el país a los acreedores. Es cierto que la capacidad de pago es casi inexistente, teniendo en cuenta que sólo con la deuda que hoy no está en default el superávit fiscal no alcanza. Será necesario un financiamiento de más de u$s 6.000 millones a partir de 2005 para poder hacer frente a los pagos comprometidos. Entre ese año y 2009 el país podría tener un superávit fiscal de 5.000 a 7.000 millones de dólares (según un mayor o menor crecimiento del PIB y un dólar real más o menos bajo) contra necesidades de amortización (sin considerar la deuda no reestructurada aún) por 12.000 a 16.000 millones de dólares.

Hasta aquí parece lógica la postura del Gobierno de tirar de la cuerda al máximo y ofrecerle a los acreedores hoy en default un pago de sólo 25% del stock nominal de la deuda. Sin embargo, la cuerda se puede romper y el equipo económico debería advertir al poder político la existencia de ese riesgo.

Es posible que una reestruc

turación menos agresiva en el recorte del capital con una fuerte extensión en los plazos y bajas tasas tenga mayor recepción entre los inversores que compraron bonos argentinos. Lo que debe preguntarse el Gobierno es dónde pierde más: con una oferta muy amarreta que signifique desembolsos menores pero que ponga en serio riesgo un acuerdo con los acreedores o con una oferta que contemple menos quita de capital nominal aunque con muy largo plazo y menores tasas, que permita recrear un clima de negocios imprescindible para el crecimiento del país. La diferencia de pagos futuro entre una y otra estrategia puede ser mucho menor de lo que se cree o incluso positiva, si el país crece más.

El rápido regreso de Rusia a los mercados de capitales indica que si un país mejora su economía, el default se olvida en forma bastante rápida y los inversores vuelven a confiar y a mirar más en el futuro que en el pasado. Pero, cuidado. Rusia reestructuró rápidamente y creció sin demora. Los ejemplos deben servir para algo.



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