El poder de Putin daña la democracia en Rusia

Para presidente ruso, Vladimir Putin, las elecciones parlamentarias del domingo fueron un triunfo. Pero el resultado representa una seria derrota para la causa de la libertad política en Rusia.

El partido Rusia Unida, favorable a Putin, ganó por un margen aún mayor que el que se pronosticaba. Los comunistas, que son el único agrupamiento político significativo que está fuera del control del Kremlin, quedaron aplastados. Muchos de sus seguidores se volcaron hacia los dos partidos nacionalistas estrechamente asociados con Putin: el Partido Liberal Democrático, de Vladimir Zirinovsky, y Patria. Los liberales, que desde hace mucho son una fuerza marginal, fueron barridos de la Cámara baja o Duma.

Dada la popularidad lograda por el presidente al restaurar el orden tras los años caóticos de Yeltsin, los seguidores de Putin podrían haber ganado sin recurrir a la manipulación política. Pero, como señalaron observadores independientes de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, las autoridades corrompieron las elecciones con su control sobre la maquinaria administrativa y los medios. Y, al hacerlo, crearon el parlamento más leal, y el más nacionalista, desde la caída del comunismo.

Ahora es muy improbable que Putin deba enfrentar rivales serios en las próximas elecciones presidenciales. En cambio, puede consolidar su poder y tratar de cambiar la constitución para que le permita acceder a un tercer período, a partir del año 2008. También podría usar su autoridad fortalecida para llevar adelante reformas políticas y económicas. Pero, con los liberales fuera de la Duma, el presidente está menos presionado para acelerar la liberalización económica.

Los nacionalistas tienen otras prioridades. En el campo económico, apoyan a fondo el ataque de Putin a Mikhail Khodorkovsky, el hombre más rico de Rusia, que está detenido– acusado de fraude y evasión fiscal– y quieren que el presidente arreste a otros oligarcas, confisque sus activos y redistribuya la riqueza. Una campaña semejante matará la inversión y socavará las esperanzas de Putin de reforzar el crecimiento económico. Las compañías extranjeras podrían tener que enfrentar tiempos difíciles. Incluso en la década de los 90, cuando Rusia experimentó su máxima apertura, las multinacionales sufrieron ataques xenófobos. Con una voz nacionalista más potente en la Duma, la hostilidad puede incrementarse.

En política interna, es improbable que la nueva Duma defienda la libertad de los medios y los derechos democráticos, y no cuestionará la línea dura en Chechenia. En política exterior, su influencia será limitada porque el área es prerrogativa del presidente. Putin seguramente mantendrá sus estrechos lazos con Estados Unidos y su apoyo a la guerra contra el terrorismo. Pero puede intentar imponerse en cuestiones como la influencia estadounidense en Georgia. Restaurar el dominio de Rusia en la ex Unión Soviética es un objetivo prioritario de los nacionalistas.



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