El cultivo de amapola alimenta la inestabilidad en Afganistán

La provincia afgana de Wardak es famosa por las manzanas. Pero este año, muchos de los chacareros de la zona se dedican a un nuevo cultivo: el de la amapola o adormidera opiácea, que han plantado entre las prolijas hileras de manzanos.

Incentivados por los altos precios alcanzados por la goma de opio y ningún obstáculo por parte de un gobierno cuyo control sobre las provincias es muy tenue, cada vez son más los productores afganos que optan por cultivar amapolas. Según una encuesta conjunta dada a conocer la semana pasada por la Oficina contra la Droga y el Delito de las Naciones Unidas (UNODC, por la sigla en inglés) y el gobierno afgano, este cultivo se extendió a 28 de las 32 provincias de Afganistán. En 2001 sólo se cultivaba en 14.

Este año, el país produjo 3.600 toneladas en 80.000 hectáreas, comparado con las 3.400 toneladas y las 74.000 hectáreas cultivadas del año pasado, y retuvo el título de principal productor de opio del mundo.

Funcionarios afganos y de la ONU dijeron que el dinero que se percibe con esta actividad distorsiona la economía del país, además de fortalecer a los caudillos provinciales y alimentar el terrorismo. “Existe el riesgo evidente de que Afganistán vuelva a la categoría de Estado fracasado, quedando esta vez en manos de los carteles de la droga y los narco-terroristas , dijo Antonio María Costa, director de la UNODC, cuando se dio a conocer el informe, en Moscú.



Acciones legales

Pese a los progresos que hubo a la hora de desarrollar soluciones de largo plazo con el gobierno afgano, como una nueva legislación anti-narcóticos, medios de vida alternativos para la población y entrenamiento para el personal encargado de hacer cumplir la ley, el gobierno y sus aliados occidentales han evitado tomar medidas duras contra los poderosos caudillos que se quedan con la mayor parte del dinero del tráfico de opio, dijeron algunos funcionarios. “O se toman ahora medidas enérgicas, con el apoyo de la comunidad internacional, o el cáncer de la droga seguirá extendiéndose por Afganistán, con la consiguiente metástasis en forma de corrupción, violencia y terrorismo , señaló Costa.

Por su parte, Heraldo Muñoz, cabeza de la comisión de la ONU encargada de las sanciones aplicadas a Al-Qaeda y los talibanes, dijo durante una visita reciente a Kabul que hay “fuertes sospechas de que existe vinculación entre el tráfico de drogas y el incremento en la actividad de los talibanes .



Más de Impresa General