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Con la energía de Goyo

La familia Perez Companc es uno de los proveedores (solapados) más importantes de las centrales nucleares en la Argentina.

Con la energía de Goyo

Muchos son los negocios que atraviesan a la familia Perez Companc a lo largo de su historia. Pero entre los menos conocidos y con más años en su portafolio se desprende solo uno: la energía nuclear.

La familia que encabeza Gregorio "Goyo" Perez Companc, uno de los hombres más ricos del país, es propietaria del 67% de Combustibles Nucleares Argentinos SA, más conocida por su sigla Conuar. Allí, es socia de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA, 33%) y tiene ventas por unos $ 1.000 millones cada 12 meses.

Un poco de historia

En 1982, fue la propia CNEA la que decidió hacer una privatización parcial tanto de Conuar como de FAE (Fabricación de Aleaciones Especiales). En ese momento, Perez Companc ingresó como socio, quedándose con el 66% de Conuar (que aún conserva) y con el 45% de las acciones de FAE, que hoy opera como una subsidiaria de Conuar. Según las normas vigentes, en ambas firmas, el presidente del Directorio es puesto por la CNEA, mientras que el privado tiene a su cargo el gerenciamiento y manejo operativo de las instalaciones.

La planta industrial se encuentra en Ezeiza, desde donde comercializa todos los productos destinados al mercado nuclear nacional e internacional. Fabrica pastillas de uranio, tanto natural como enriquecido, componentes estructurales con los que se conforman los combustibles para reactores nucleares. Entre sus clientes locales se cuentan Embalse, Atucha y Atucha II.

El derrotero de la familia Perez Companc en el mundo de los negocios es extenso y bien diversificado. A inicios del siglo XX, apostaron por la producción lanar en la Patagonia y sumaron 290.000 hectáreas de tierras propias, que todavía explotan. Se subieron al negocio naval, pasaron por la producción de petróleo y la construcción. Ya en la década del ’90, asesorados por la consultora McKinsey, avanzaron en un plan de desinversión que los llevó a desprenderse de PeCom Energía, la segunda petrolera verticalmente integrada más importante del país.

Cortocircuito

La venta del grupo energético de Perez Companc al gigante brasileño Petrobras, concertada finalmente en 2002, pudo haber obligado al Gobierno nacional a tener que "reestatizar" los paquetes accionarios de las empresas nucleares locales que quedaron en el medio de la operación.

En aquel entonces, tanto el exsecretario de Energía, Jorge Lapeña, como el gerente de Asuntos Empresariales de la CNEA, Pablo Lacoste, advirtieron que la transferencia de las acciones a Petrobras era "inviable porque las normas estatutarias de las empresas no permiten que el socio privado sea una compañía extranjera".

A comienzos de este siglo y previo a la pesificación asimétrica, Conuar generaba ingresos que promediaban los u$s 23 millones anuales.

Desatada la crisis local, la venta de la petrolera argentina a capitales brasileños generó una fuerte expectativa, ya que era difícil que una empresa de capital local se interesara en adquirir las plantas dedicadas al combustible nuclear. Tampoco era posible pensar que el Estado pudiera hacerse cargo de la participación de Perez Companc.

En un primer momento, se especuló que el Gobierno podía modificar por decreto el estatuto de Conuar para permitir que pasara a ser controlada por Petrobras. Esa versión corrió a partir del tratado bilateral con Brasil en materia nuclear, que prevé la formación de empresa mixtas dedicadas a la actividad.

Finalmente, la salida del entuerto se resolvió con una transferencia a Sudacia, la sociedad financiera de la familia Perez Companc, de la totalidad de las acciones de Conuar y FAE. Según el comunicado enviado a la Bolsa, el precio de la transacción se fijó en u$s 8 millones, y destrabó el camino para que Goyo se despida de su petrolera.

 

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