Jueves  28 de Febrero de 2008

Con diseño sustentable

Con un paso por el estudio neoyorquino de Rafael Viñoly en su curriculum, el joven Andrés Remy se propone aplicar su enfoque innovador, tanto en el estilo de trabajo como en la relación con los materiales.

El estudio de Andrés Remy respira el aire de Belgrano con las ventanas abiertas, con habitaciones donde alterna gente muy joven, muchos de ellos estudiantes de arquitectura, y los adornos se han sustituido por maquetas y más maquetas de cartón, aparte de las trinchetas y los pedacitos que de ellas se desprenden. La prioridad aquí, según afirma Remy, que no eleva en lo más mínimo el promedio de edad, es el diseño.

“Puede sonar idealista, pero invierto todo en esto. Es el tiempo de buscar: es un buen momento económico y de la construcción, no tengo hijos y no pretendo resultados inmediatos. Me gusta partir de metáforas para diseñar, lo que requiere tiempo. De una flor, que salga una casa. Y que, más adelante, me busquen por la línea que trazo ahora, eso es lo que quiero”, sintetiza, contento de su actualidad después de los años de enorme aprendizaje en el estudio que el gran Rafael Viñoly tiene en Nueva York.

Las premisas básicas en el estudio porteño de Remy, además del diseño, son conocer mucho el terreno y la gente. Y después, bajar a la teoría lo que harán. “El proceso de diseño incluye maquetas siempre, permite el contacto directo con el volumen y el material. En la etapa de la comprobación técnica, empieza la parte digital. Pero nos encanta tantear el diseño, tocarlo en cartón”.

Siempre le gustaron las maquetas, ver corporizado el proyecto. Eso lo aprendió con Viñoly. Más allá de la diferencia de escalas entre uno y otro estudio, Remy también elige esa sensibilidad que se verifica en el cartón. Sobre su maestro internacional asegura: “Verlo trabajar tanto tiempo fue una gran enseñanza. Del primer dibujo al final de obra, se veía su participación junto al equipo, su sacrificio. Tomar la profesión como algo absolutamente personal hace que salgan obras a medida, una casa que calce como un traje, con naturalidad”.

Después de su paso por tierra americana, desembarcó hace tres en la Argentina. Acá, afirma, hay tantos tipos de familias, tantas corrientes de inmigrantes y culturas, que no hay una arquitectura que nos represente. “La arquitectura traduce a la gente. También es bueno materializar según la zona donde esté implantada la casa, remitir al lugar”, dice quien diseña no sólo en Buenos Aires sino también en la Patagonia, lugar donde nació.

Creyente del poder del boca en boca, explica que la primera ficha que saca de cada cliente es el lote que eligió: “De allí se infiere qué arquitectura hacer, qué libertad te va a dar. La otra cosa es conocer a las personas que van a vivir esa casa, salir a comer con ellos, ir a su casa actual. Porque así no se crea en una abstracción total. La persona tiene que entrar a vivir con el entusiasmo antes de mudarse. Un proyecto es una historia, un guión, y nosotros pensamos el espacio para sus futuras escenas. La idea fuerza que determina el proyecto es la motivación; luego, se enriquece con la búsqueda de los materiales, con la colocación, sacando provecho de ellos. Eso es lo que te da el conocimiento para decir si un determinado material es noble o no. Lo dan los años a cargo de un estudio. Mientras tanto, optamos por el asesoramiento y la investigación”.

Respecto del sello del estudio, Remy confiesa que lo que predomina es la idea. “No es honesto hacer de un material o una forma una marca personal, sino adaptarse. No pretendo hacer un libro homogéneo de mi estudio”. Y sobre el material, remarca: “Los periodos económicos del país te condicionan a usar uno u otro a menudo. Pero lo fundamental, creo, es no condicionar la idea al material. Mi viejo hace esculturas en cerámica, yeso, diversos materiales y esas opciones ya las vi en sus manos”.

Entre sus obras preferidas, hay tres casas que fueron las primeras de su producción con estudio propio. La casa RZ en Santa Bárbara con ventanas como grietas. Una para su hermano y otra, con una cascada en Nordelta (el agua lo fascina, le recuerda a los ríos transparentes y con correntada de su pueblo natal) que se multiplicó en las tapas de revista.

“A las primeras casas les sacaba fotos a diario, como a un bebé. Ahora tengo tres fotos, como mucho, de cada obra. Pero motivo a los chicos del estudio para que hagan ese seguimiento. Igual, estoy convencido de que no sirve la arquitectura para la foto: las casas tienen que ser habitables, por eso hay que verlas después de vividas, para evaluar cómo funcionaron, variables que incorporar, pros y contras, espacios versátiles o no tanto. El proceso de conocer al cliente, hacer la casa y verificar su funcionamiento comienza con la entrevista primera y sigue por años. Hay que ver qué quedó del diseño tras el habitar”, sostiene Remy.

La gente trabaja tranquila en este piso cuatro de Belgrano. La mayoría no alcanzó los 30. El diálogo es fluido antes y durante cada proyecto; no hay computadoras asignadas ni jerarquías visibles. “Así se enriquece el proceso y el producto final es de todos. Hablamos en plural. Porque hay instancias en que uno inevitablemente se encasilla o se repite. La variedad de nuestras obras se explica en esta interpretación colectiva y también en que partimos de metáforas tan disímiles como una orquídea o un reloj inca”, afirma, mientras cuenta de un proyecto de complejo de viviendas aterrazadas inspirado en las islas griegas en Escobar y otro, de una casa en Acassuso, donde pondrán cubiertas verdes, otro ejemplo, tras la casa orquídea en Pilar, que va de la mano de la arquitectura sustentable.

En cuanto a este punto de su portfolio, lo trae impregnado de la cultura de Nueva York, donde las leyes energéticas y la conciencia son variables permanentes.

“El mantenimiento y el ahorro eran pilares fundamentales de toda obra que hiciéramos para Estados Unidos o Europa. A gran escala, lo sustentable es parte del modelo -dice Remy- En lo residencial, se lo ve aún como tapar la escasez de recursos, o máximo, como una cubierta verde”. Entra en Google para demostrar lo dicho, ingresa “sustentable” en el buscador y aparecen las famosas casas hechas con pet reciclados o los paneles solares y nada más. “Hay que concientizar que el diseño moderno también puede hacer cosas sustentables. Para empezar, uno debe estar convencido”.

Sol Harguinteguy

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