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COMPETENCIA TOTAL

La Sanzar, la entidad organizadora del SuperRugby, abrió el negocio. El ingre-so de Jaguares y Sunwolves invita a pensar que no serán las últimas fran-quicias. Pros y contras de una realidad que amplía el universo ovalado. Cómo lo viven Los Teros (Uruguay).

El Super Rugby 2016 dejará mucho que analizar. Es que, si bien se aprobó exitosamente el ingreso de dos nuevas franquicias: Jaguares (Argentina) y Sunwolves (Japón), además de la inclusión de los Kings (Sudáfrica), la poca asistencia a los estadios en comparación con ediciones pasadas, y la no aceptación total del formato de competencia, se hace escuchar.
No es una problemática de carácter grave, ya que el seguidor de este torneo sabe que está frente a un período de transición. Nunca suele ser bien recibido cambiar la tradición a fines de agrandar el negocio, en ningún deporte. En este caso, pesa que el Super Rugby apunta a convertirse en el torneo global de clubes por excelencia más exitoso a nivel económico y deportivo. La meta: superar a la Copa de Campeones de Europa, una de las competencias que más brillan en el firmamento de la ovalada.
Hasta hace pocas ediciones atrás, el Super Rugby era sinónimo de paridad: cualquiera podía ganarle a cualquiera y el nivel era superlativo (lo sigue siendo). Eso lo hacía aún más apasionante y lo diferenciaba tal vez de su mencionado par europeo (desde 2014, Heineken Cup), puesto que se medían los mejores clubes de las tres potencias del rugby del sur: Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica. No solo los fanáticos del rugby se preguntan por qué un equipo australiano juega frente a los Sunwolves, por ejemplo, y un neozelandés no, en lo que representa "puntos asegurados", por citar una incongruencia del formato.
Se sabía de antemano que el torneo debía ampliar su alcance: actualmente, son 18 las franquicias que forman parte (6 de Sudáfrica, 5 de Australia, 5 de Nueva Zelanda, una de la Argentina y una más de Japón). Para ello, había que seducir a potencias como los Estados Unidos y otros países desarrollados, como Canadá, para que inviertan en una franquicia propia. Además, de la inversión, los nuevos players harían evolucionar al deporte en nuevos lugares del mundo.

Medirse con los mejores del mundo y no quedar en el camino

Gonzalo Cortinas, integrante del cuerpo técnico de Los Teros, cree que el objetivo final de esta competencia es ser como un Mundial de clubes. "Todo cambio merece un tiempo de adaptación. En el rugby, confiamos en la buena fe y mirada de los grandes inversores y dirigentes. Pienso que esta iniciativa tiene como objetivo convertir al Super Rugby en el torneo más competitivo de todos a nivel clubes, factor que llevará automáticamente a hacerlo la principal cartelera para las marcas. En Uruguay, ya nos ilusionamos muy a largo plazo con poder tener una franquicia, de algún modo, ya trabajamos para eso", comenta en diálogo con Rugby & Biz.
El comentario de Cortinas revela que si el objetivo es sumar equipos para hacer cada vez más grande la competencia, los debutantes vayan a sufrir un duro período de adaptación. Todos los deportes cuentan con esta especie de problemática y todos han sobrevivido. Para crecer hay que invertir, recuerdan los expertos. En este caso, se lo hace con la excusa perfecta de darle la posibilidad a otros países, de poner dinero en el desarrollo de un deporte que les permita, a corto plazo, jugar contra los mejores, y así irremediablemente mejorar.
Sin embargo, el torneo cuenta con una situación que les debe generar algo de incomodidad a aquellos responsables de la organización, es que si bien está muy bien conceptuada y valorada, jugarlo es todo un honor, no participan de ella los mejores jugadores del mundo. ¿Alguien imagina la Champions League de fútbol sin Messi ni Cristiano? Que Dan Carter, mejor jugador del último año, no participe de esta competencia es un indicador de otra cuestión: si el objetivo es que el Super Rugby sea el torneo más grande del mundo, habría que buscar la forma de que sea disputado por los mejores rugbiers.
De concretarse, el hecho atraería a más marcas y generaría la posibilidad de buscar engordar los contratos televisivos, siempre tan poderosos (Australia renovó con Fox por u$s 212 millones por los próximos cinco años).
Cabe recordar que Carter tiene un jugoso contrato con su equipo, el Racing 92, y está jugando la Heineken Cup, enfrentándose a los mejores equipos de Europa. De todas formas, figuras como Richie McCaw y Kieran Read, de Crusaders, y Brodi Retallick, de Chiefs, sí la juegan y potencian a la competencia. Una vez que se abre la puerta para unos, nunca se cierra. Es muy factible que, en pos de evolucionar el nivel, varios países empiecen a considerar la posibilidad de comprar una franquicia próximamente, así tengan que afrontar gastos importantes y sufrir viajes transoceánicos la mayoría de las veces.
Es esta instancia que sufren Sunwolves y Jaguares. Los equipos de Japón y la Argentina, respectivamente, están pagando derecho de piso dentro del campo, sufriendo la diferencias de nivel esperables frente a los mejores equipos, Pero también lo hacen fuera de la cancha: la mitad de los viajes cada vez que juegan implican varias horas de vuelo (nueve en adelante) y, si bien suelen hacerlo bajo los cuidados profesionales, cada travesía implica un cambio de horario, entrenamiento y alimentación, factores determinantes que inevitablemente inciden en el rendimiento dentro del campo.
Acerca de la posibilidad de que nuevas franquicias formen parte del torneo, opinó Esteban Meneses, head coach de Los Teros y exentrenador además de la URBA (Unión de Rugby de Buenos Aires): "Creo que los Estados Unidos es gran candidato a incorporar una franquicia. Y la Argentina en busca de una segunda franquicia, donde se puedan sumar jugadores de Uruguay, Brasil, Chile en pos de mejorar el rugby de la región".
La Argentina consiguió que gran parte de su futuro se críe jugando frente a los mejores equipos del mundo, el roce y experiencia internacional valdrá toda esa inversión, los viajes y los extenuantes entrenamientos.

Más de nueve horas de vuelo

La motivación de las generaciones venideras se basará, en gran parte, en la posibilidad de jugar al máximo nivel. Ello debería llevar a Personal, principal sponsor de los Jaguares, a seguir creyendo en el equipo y, por ende, apoyando al proyecto, e invitaría a otros patrocinadores a formar parte de este momento histórico del rugby argentino.
La empresa de telecomunicaciones móviles, subsidiaria de Telecom Argentina, está ligada a la Unión Argentina de Rugby desde hace ocho años y fue un motor clave en la organización de test maches. Queda analizar la reacción del rugby europeo, habrá que ver que tanto perjudica o no a su negocio que el Super Rugby esté iniciando esta suerte de revolución. Quién sabe, algún día, quizás, se pueda jugar un verdadero Mundial de Clubes del cual participen los mejores equipos de todo el mundo, y a la vez se puedan seguir desarrollando las competencias tradicionales.

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