Arquitectura experimental

Matías Frazzi (32) logró una mención en el Calendario SCA por su obra “Reunión de inversores . En su estudio combina sus dos pasiones: la arquitectura y el arte.

Algunas personas pasan años tratando de descifrar qué los motiva en la vida, cuál es su verdadera pasión. No es el caso de Matías Frazzi: “Desde chico siempre me gustó dibujar. Me acuerdo cuando a los cinco años dibujaba una y otra vez la casa de mis abuelos. Ahí decidí, en mi visión inocente de niño, que quería ser arquitecto.

De esta manera fue como en 2002 se recibió en la Universidad de Buenos Aires y desde hace siete años trabaja junto a su padre, José, en el estudio Frazzi Arquitectos, una oficina donde, según él, “se experimenta con la arquitectura en cada trabajo realizado.Para él, todos los proyectos que encara en el estudio son un motivo de búsqueda, y a su vez de diversión, dado que lo toma como un hobbie.

Sin embargo, su faceta arquitectónica también se combina con su costado artístico: su maestro en el arte del dibujo fue Roberto Frangella. “Él me mostró la belleza, el sentimiento implícito en cada dibujo, pintura o proyecto. Sus obras son inconfundibles comenta Frazzi, quien asegura, además, que las maquetas y las pinturas son métodos irremplazables de comunicación y por lo tanto no hay render que los pueda superar. No obstante, realista al fin, no reniega de su utilidad en el trabajo.

La relación entre sus dos hobbies dieron como fruto la creación de varias obras, de las cuales algunas fueron presentadas en el Calendario SCA. “Creo que el concurso es una muy buena oportunidad para expresar sentimientos o sensaciones de lo que a uno le toca vivir a diario. En el calendario por el cual fui premiado en 2001 expresé el momento difícil que estabamos pasando, cuando pensábamos que la solución se encontraba en el avión. Un acto de protesta similar fue lo que quise expresar en el calendario de 2003, cuando mostré a la Argentina como si fuera un rompecabezas al que le estaban robando piezas, explica Frazzi.

Finalmente en 2007 creó “Reunión de inversores , por el que obtuvo una mención en la última entrega de los calendarios. El arquitecto ve a esta obra como una sátira y la traduce como una protesta hacia las reglas del mercado inmobiliario: “Cuando me piden que realice una obra, quieren que sea, por ejemplo, con ladrillo a la vista, con techo de tejas, por que es lo que le gusta a la masa. Entonces, yo me pregunto: ¿se imaginan a Le Corbusier discutiendo hoy con un inversor inmobiliario o un agente de ventas acerca de estos temas estilísticos, sugiriéndole techo de tejas, columnas gregorianas en la Unité de Marsella? Lo que sucede es que para los que intentamos y/o queremos hacer arquitectura nos encontramos con estos conflictos a diario. Igualmente creo que la astucia radica en saber manejar las convenciones, engañando al ojo inmobiliario. La arquitectura no merece ser bastardeada por que es patrimonio cultural y conservarla es una cuestión de códigos .

Frazzi encontró en la arquitectura no sólo un medio de vida, sino una forma para canalizar sus dotes creativos. Heredó de su padre la cultura por lo artesanal y eso lo trasmite al realizar otro de sus hobbies: las maquetas. Para él son fascinantes dado que son un método inigualable de experimentación. “No importa el esfuerzo, suelo meter mano en las obras para materializar estas experimentaciones y jugar con ellas , remata.

Es que para el arquitecto, su estudio es como un pequeño jardín de infantes, un universo donde puede darle rienda suelta a su imaginación. Quizás, por que allí puede reencontrarse con ese niño de cinco años que pasaba horas dibujando la casa de sus abuelos.

María José Giovo

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