La designación de William Hague al frente del ministerio de Relaciones Exteriores no causó sorpresa. De hecho, él ejercía el cargo de “canciller a la sombra por parte del Partido Conservador desde diciembre de 2005 y se sabía que quedaría al mando del Foreign Office si los ‘tories’ llegaban al poder.

Aunque el nuevo gobierno recién comienza a gestionar, de las declaraciones de Hague se desprende que la política exterior británica mantendrá con Estados Unidos su relación de socio especial, pero con más distancia, que no habrá un mayor acercamiento con Europa (Hague es un “euroescéptico declarado) y que los vínculos con Asia y América latina estarán centrados en lo comercial.

Un sello distintivo de la nueva administración es que las decisiones de política exterior y de defensa estarán coordinadas con un Comité de Seguridad Nacional, un nuevo organismo con sede en la Oficina del Gabinete.

Afganistán será probablemente la nota discordante con Estados Unidos, su tradicional aliado, porque se trata de una guerra muy impopular entre los británicos.

En cuanto a las relaciones de Gran Bretaña con Europa, es muy posible que no se dé un mayor acercamiento. Hague, además de reiterar su decisión de que nunca adoptará el euro como moneda, ya adelantó que buscará la forma de recuperar de la UE las competencias en materia de justicia criminal, la Carta de Derechos Fundamentales y en asuntos sociales y laborales.

Aunque el nuevo canciller expresó su determinación de hacer “todo lo posible para desarrollar las relaciones con el sur de Asia, en frica del Norte y América latina, son pocos los que creen que los vínculos con los países latinoamericanos habrá avances significativos, salvo el caso de Brasil.

En las próximas semanas el premier David Cameron, visitará Washington. El éxito de esa visita dependerá mucho más en los intereses comunes que la “química personal que hubo en la era Reagan-Thatcher ó Clinton-Blair. Si Cameron decide que el Reino Unido debería reducir su presencia militar en Afganistán el resultado del viaje marcará un punto de inflexión entre dos aliados muy cercanos.