El proyecto de ley de Presupuesto 2007 puso en blanco sobre negro la arquitectura económica-electoral que se proyecta para el próximo año. Expansión fiscal -con altas dosis de discrecionalidad y nuevos salvatajes provinciales-, suave deslizamiento cambiario y administración de precios y salarios son la santísima trilogía de la política económica, en el escenario electoral de 2007.

La ingeniería electoral puso su sello distintivo en el proyecto. Además de los poderes ya delegados al Jefe de Gabinete -que incrementan los márgenes de maniobra para reasignar partidas presupuestarias- el proyecto de Presupuesto 2007 incorpora otras flexibilidades para el incremento y la administración del gasto por parte del Ejecutivo:

1. Autoriza el aumento de los créditos presupuestarios por parte del Jefe de Gabinete (artículos 8 y 9), estableciendo que al menos 35% de los créditos aumentados deberán ser destinados al Tesoro (el resto podrá ser destinado a provincias, seguridad social o empresas públicas).

2. Establece que, a los fines del cómputo de los límites al crecimiento del gasto que fija la Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF), se excluyen las transferencias no automáticas a provincias que cuenten con asignación específica (artículo 20). Es decir, se flexibiliza la LRF, al excluir esta partida del cómputo para la Nación, en tanto las provincias no tienen la obligación de computar los gastos de capital dentro de los límites de crecimiento del gasto que fija la LRF. La LRF se aplica así mayormente a los gastos corrientes, rubro que -aunque es complejo el cómputo- difícilmente se habrá ajustado a lo dispuesto por la ley en los años 2005 y 2006.

A la hora de computar las muchas excepciones a la regla, conviene tener presente que la Ley de Financiamiento Educativo impondrá que, de aquí al 2010, el gasto en educación deberá incrementarse a un ritmo anual de aproximadamente 0.2% del PIB en las provincias y de 0.5% del PIB en la Nación.

3. Los artículos 21 y 22 facultan al Ministerio de Economía a modificar las condiciones de pago de las deudas con la Nación de las provincias y la Ciudad de Buenos Aires. Es decir, se otorga discrecionalidad al Ejecutivo para renegociar las deudas con las distintas provincias ‘en función de su situación financiera’. Una prerrogativa clave en un año electoral con cuentas provinciales ingresando en terreno negativo.

El proyecto confirmó que este año la expansión del gasto público superará la registrada en 2005, año con elecciones legislativas de por medio. Mérito que -visto en perspectiva- sólo puede asignarse al ex ministro Roberto Lavagna. Este año, el gasto primario del Sector Público Nacional (que incluye a la Administración Pública Nacional, las empresas públicas, los fondos fiduciarios y excluye las transferencias de impuestos a provincias) crecería aproximadamente 27% versus 21% en 2005 y superará ampliamente el incremento del gasto previsto en la Ley de Presupuesto 2006 (14%).

Con base en nuestra proyección de PIB nominal, los recursos estarían subestimados en no menos de 6.500 millones de pesos. Al igual que lo ocurrido en 2006, esta situación permitiría llevar la expansión del gasto primario discrecional más cerca del 20-22% de crecimiento en 2007, sin incumplir con el objetivo de superávit primario.

Los lineamientos generales de política económica se repiten sin atención a los primeros síntomas de agotamiento de la estrategia: expansión fiscal, deslizamiento gradual del tipo de cambio y -necesariamente en este contexto- aumentos de los subsidios para sostener tarifas de energía, transporte y comunicaciones y refuerzo a las políticas de contención de precios y salarios.

En la visión del Gobierno, el tipo de cambio sigue siendo una herramienta de ‘ajuste fiscal’ y de mantenimiento de la competitividad cambiaria que asegura el sostenimiento del superávit comercial. Más allá de los beneficios tangibles de la flexibilidad cambiaria, es indiscutible que el recurso sistemático a la depreciación del tipo de cambio contiene las semillas de presiones inflacionarias crecientes.

Los primeros síntomas de agotamiento de la estrategia se ven reflejados en las tensiones inflacionarias y salariales y en los problemas que lentamente genera la administración de precios y salarios. Controles de precios, distorsiones sectoriales (signos de desabastecimiento en ciertos sectores) y disminución de la rentabilidad empresaria son todos efectos colaterales de la estrategia.

La construcción intelectual y política por el método del antagonista somete a la economía argentina a un péndulo que nos llevó -con pocas escalas- del desempleo deflacionario al desabastecimiento inflacionario. Pero no conviene escandalizarse más allá de lo razonable. Aunque resulta evidente que extrapolar linealmente y ad infinitum esta dinámica llevaría -tarde o temprano- a un escenario de menor crecimiento y mayor inflación, no está claro cuándo ocurrirá esto ni tampoco si habrá una corrección (o moderación) a tiempo de las políticas.

En síntesis, el año fiscal 2007 permitirá al Gobierno contar con recursos suficientes para incrementar el gasto por encima del presupuestado y auxiliar a las provincias con dificultades financieras. Un escenario a medida de las necesidades de la ingeniería electoral del próximo año.