

A pocos días del fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner, parece muy apresurado hacer cualquier tipo de especulación respecto al futuro de la política en la Argentina, sobre todo sin conocer a ciencia cierta cuál es el verdadero impacto psicológico de la desaparición del jefe partidario y compañero por más de 35 años de la presidente Cristina Fernández de Kirchner.
No obstante, cabe preguntarse si la muerte del principal actor de la política argentina en la última década tendrá consecuencias de relevancia en lo que queda de la actual administración.
Con más liviandad y subjetividad que fundamentos sólidos, los analistas de los bancos de inversión internacionales interpretaron este acontecimiento como el final del Kirchnerismo y, por ende, de ciertos manejos calificados como “anti mercado . En consecuencia, las acciones y los títulos argentinos reaccionaron al alza en los mercados una vez conocida la noticia.
Se sabía que el ex presidente tenía un rol central dentro del Gobierno, que abarcaba también las decisiones importantes en todos los aspectos macroeconómicos y fiscales.
En virtud de eso, suponemos que lo más probable es que no veamos grandes cambios de aquí a las elecciones de 2011. Esperamos “más de lo mismo o, quizá “menos de lo mismo , ya que probablemente la capacidad de generar iniciativas por parte del actual Gobierno también haya sido afectado con la desaparición física de Néstor Kirchner.
De igual forma, quedó presumiblemente dañada la facultad de mantener tantos frentes abiertos de conflicto a la vez, lo que no representa necesariamente una mala noticia para la economía.
Los pocos meses operativos que restan hasta octubre de 2011 (seguramente haya actividad parlamentaria solo en el periodo marzo-junio del año entrante), también juegan a favor de la hipótesis de que la opción más inteligente para el Gobierno sería “hacer la plancha o poner el “piloto automático , aprovechando el inmejorable contexto internacional para los países productores de materias primas, y procurando que las inconsistencias del modelo económico (inflación, cuello de botella energético, etc.) se noten lo menos posible hasta la contienda electoral.
Estas inconsistencias son las mismas que antes del miércoles 27: en primer lugar, la pretensión de forzar un nivel de actividad a toda máquina, ignorando una tasa de inflación superior al 25%; en segundo lugar, el discurso de mantener el dólar caro -que fue el principal pilar del modelo- mientras el incremento de precios erosiona la competitividad de la economía; y, en tercer lugar, los superávits gemelos (fiscal y comercial), otrora vedettes del mundo económico K, que pierden fuerza de la mano del excesivo crecimiento del gasto público y de las importaciones abaratadas por la “plata dulce .
Persiste la voluntad de “vivir con lo nuestro sin recurrir al mercado voluntario de deuda, mientras pagamos nuestras obligaciones con emisión monetaria, generando expectativas de inflación cada vez más altas. Asimismo, no será posible en el corto plazo bajar los niveles de incertidumbre y generar un clima que permita seducir a los inversores, más allá de los sectores (campo e industria automotriz y metalmecánica) que reciben “certezas del exterior (China y Brasil).
También permanece inalterado, como antes del miércoles pasado, la extraordinaria situación del contexto global, sobre todo el precio de la soja y Brasil, que crece mientras convive con la apreciación de su moneda.
Esto blinda a la economía local por un buen rato y otorga “oxigeno adicional para seguir dilatando los cambios inexorables, sin que las vulnerabilidades del modelo se transformen en estallidos.
Mientras la cuenta corriente siga siendo superavitaria, mientras se mantenga la entrada neta de divisas, la posibilidad de una crisis en la Argentina durante 2011 sigue siendo muy lejana, con o sin el Jefe.










