

Entre los pronósticos apocalípticos de muchos analistas y el optimismo autista del Gobierno, se consolida una visión que plantea la posibilidad de que la Argentina, aun en un marco de hostigamiento permanente a los inversores y clima de negocios cada vez mas enrarecido, pueda -paradójicamente-mostrar un crecimiento (modesto) de su producto bruto interno durante el próximo año. Esta posición se ha visto fortalecida en los últimos meses, de la mano de la tranquilidad que vienen mostrando los mercados después de la derrota electoral de la actual administración. Efectivamente, la huida de capitales (o dolarización de portafolios) se ha reducido prácticamente a la mitad, dándole un respiro al Banco Central en su política de ‘micro devaluación’ del peso. Incluso, en los últimos días la autoridad monetaria ha tenido que pasar a vender divisas para evitar la apreciación de la moneda local. Sin embargo, no hay ningún indicio de que la recuperación del nivel de actividad venga por el lado de la inversión privada. Solo el campo parece dispuesto a aprovechar que la actual relación entre sus ingresos (precios agrícolas) y sus costos (insumos, fertilizantes, combustibles) vuelve, en promedio, a ser favorable. De esta manera, si se cumplen los buenos pronósticos climáticos, la cosecha 2010 podría estar cerca de alcanzar un nuevo récord, empujada por la producción de soja. Por el lado del consumo, comienza a percibirse una recuperación en el sector de los bienes durables que fueron en su momento los que más cayeron, pero el consumo masivo, que fue el motor del nivel de actividad en el pasado, continua planchado. Sin embargo, con una buena cosecha y precios de la soja rondando los 400 dólares la tonelada, la Argentina podría garantizarse un piso de crecimiento del 2% para el próximo año (0,5% de arrastre de 2009 mas 1,5% solo por el aporte del campo). En este contexto, la performance del año próximo se hace cada vez más dependiente del escenario internacional y de los precios de los commodities agrícolas. Este escenario se consolida entonces a medida que la apreciación del real contra el dólar sea más fuerte; la depreciación de la moneda norteamericana en el mundo sea más pronunciada; el incremento del precio de la soja sea mayor y la recuperación del nivel de actividad económica internacional sea más vigorosa. Todas estas variables jugarían en el mismo sentido, potenciando el resultado positivo de cuenta comercial, la entrada neta de dólares, el consumo y el incremento del PBI. La apreciación del real brasilero contra el dólar norteamericano es positiva para el nivel de actividad económica en Argentina ya que, indirectamente, brinda protección a la industria nacional y competitividad a nuestro sector externo. Adicionalmente, un real más fuerte impacta reduciendo las expectativas de depreciación del peso, desalentando la fuga de capitales y por ende estimulando el consumo y el nivel de actividad. Por su parte, la devaluación del dólar frente a otras monedas, acrecentaría las probabilidades de éxito del programa económico en 2010, ya que se traduciría en un mayor precio para los commodities en general y para la soja en particular. Tanto por el lado de la demanda como por el lado de la oferta monetaria, hay razones para pensar que en el corto y mediano plazo el dólar debería continuar perdiendo valor. La depreciación de la divisa norteamericana es la contracara de la disminución de la aversión al riesgo y el desarme de los portfolios de inversión más conservadores. Se desmontan las posiciones de inversión en billetes norteamericanos y se vuelven a orientar, paulatinamente, hacia activos con mayor rentabilidad. En este marco, la demanda de dólares se reduce, la moneda norteamericana se deprecia y, al mismo tiempo, se incrementa la demanda de activos bursátiles, experimentándose un aumento de precios en todas las bolsas mundiales. Así, todo parece indicar que el próximo año la Argentina volverá a experimentar un viento de cola externo que ayudará a la recuperación de la economía, aun cuando el Gobierno se empecina en no desplegar las velas de nuestro barco.










