

1Es la hora de la responsabilidad
Faltan apenas 10 meses para la elección presidencial, y una dura campaña se avecina. Mientras tanto, Argentina sigue adelante. Y requiere respuestas y soluciones inmediatas. Sólo hay calendario suficiente para unir, ajustar ideas, fijar políticas de gobernabilidad y alinear equipos competentes para que gane el País.
El Peronismo debe estar a la altura de las circunstancias, pues el tiempo y el espacio son inmutables. Es la hora de la responsabilidad de los peronistas: con su presente en el Gobierno, con su partido, con su trayectoria, y con la esperanza del pueblo.
2 No hay tiempo ni espacio para “burbujas políticas
Hay que dialogar, aunque al principio nos cueste. Porque no hay tiempo para ensayos de salón a espaldas del pueblo. No edifiquemos divisiones populares que sólo sirven para mostrar por televisión las venas abiertas de nosotros mismos, peronistas y argentinos. Más vale que hablemos, escuchemos y nos comprometamos con gestión y solución. Se sabe que crecimos; el pueblo quiere ser parte y no puede esperar nuestras cavilaciones.
Es hora de confesar que no tenemos capacidad para patentar, en menos de un año, un Peronismo distinto al que tenemos hoy. No hay margen para un “invento político. Debemos aunar al “Peronismo en el Gobierno con el “Peronismo distante , para lograr la síntesis superadora que demanda nuestra responsabilidad republicana y nuestro compromiso con la gente.
3 No alcanza con algunos sindicatos y un puñado de empresas
El movimiento obrero unido es una de las raíces identitarias del Peronismo. Hoy, asistimos a una fragmentación sindical que gira en torno al desproporcionado poder de algunos gremios. Pero la paz social y el desarrollo requieren que todos estén comprometidos, sin exclusiones ni liderazgos exorbitantes.
Por su parte, los protagonistas de la producción, la industria y los servicios, deben también asumir su responsabilidad social por el salto cualitativo del crecimiento al desarrollo.
Tras siete años de crecimiento sostenido, Gobierno, trabajadores y empresarios deben generar y alimentar un sano debate que vaya más allá de la recurrente discusión salarial y del lamento de la inseguridad jurídica; y ponga definitivamente el acento en los desafíos del desarrollo: mano de obra calificada, producción con valor agregado, incorporación tecnológica, crédito, inversión, apertura de mercados y competitividad.
4 No hay que perder la oportunidad del desarrollo
Si cada uno cediera unos centímetros de pasión, de razón, de capricho y de orgullo, nos encontraríamos en un ecuador común con leves diferencias y mayores coincidencias. Trabajemos entonces “por lo que falta , y desde donde el pueblo nos ponga para servir a la Nación.
Los vientos de la economía corren a favor. Se ha sabido trabajar. Si hubo dosis de buena fortuna, admitamos también que hay que tener talento hasta para encontrar la suerte. Desde 2003 se tuvo la voluntad férrea y sacrificada, hasta el límite, para reconstruir la autoridad y el mapa del poder. El país creció, no rifemos los logros.
Ahora el mandato es capitalizar el crecimiento, consolidando el desarrollo sostenido con justicia social. Vamos, entre los Bicentenarios 2010/2016, por una gestión superadora de los nuevos desafíos de los derechos humanos: inseguridad, pobreza, ignorancia, exclusión social y degradación de la naturaleza.
5 No podemos ser los causantes de la división
Los peronistas no debemos acostumbrarnos a cambiar de camiseta para ser la oposición de nosotros mismos. Algunos, con presunta patente peronista, son hoy más críticos que los opositores históricos. Con un “gorilismo de ocasión , ahuyentan incluso a los más íntimos. Es hora de cambiar. El transfuguismo político y la sospecha recurrentes no dan renta alguna. Es más eficaz proponer una idea, debatirla y atreverse a ejecutarla.
Ciertamente, necesitamos recuperar el respeto por la conducción, pero también debemos recuperar la capacidad de debate. El Peronismo en el Gobierno debería dar un primer paso en ese sentido. Estamos a tiempo, no es tarde. Generemos con diálogo nuevos espacios de sustentación política. No vaya a ser que, por sólo ejercer de “contreras , le demos el poder a astutas minorías sin pueblo.
6El fracaso del Gobierno es el fracaso del Peronismo
No juguemos con fuegos verbales, fabricando vientos de miedo y zozobras de tornados que hoy no se avizoran. Evitemos profecías. Porque un fracaso del Gobierno condenaría de inmediato al Peronismo y, en su medida, al pueblo argentino.
No seamos mezquinos: el crecimiento está, no es ficción. Si algunos no fuimos protagonistas, si no nos pertenece lo ocurrido pero somos Peronismo, tengamos el valor de aplaudir con la generosidad del reconocimiento. No juguemos a las intrigas para que fracase lo que prohijamos colectivamente desde 2003. Apostemos maduramente a realizar lo que falta, que es mucho.
Los peronistas hemos sabido acudir en auxilio anticipado de democracias que se quedaron sin oxígeno social. Por nosotros, siempre vinieron los mismos: los golpistas unidos sólo por el antiperonismo. No nos disfracemos de golpistas, ni por chiste, ni un instante, ni en carnaval.
7Desde hoy: un solo Peronismo
El mapa de los candidatos es un rompecabezas de piezas invisibles. Todo se mueve, hacia ninguna parte. Las precandidaturas anticipadas son de duración transitoria, y no muestran sustento social. Flores de campo en temporada, no nos dejemos engañar.
El tiempo hasta la elección presidencial es muy breve. No alcanza para arrancar con nuevas ideas y organización suficiente para ganar. El compromiso peronista debe ser generoso, comenzando hoy mismo con un ejercicio paciente y responsable de cohesión, al margen de las candidaturas estivales. Vamos unidos, que podemos. Tenemos por delante un lustro para gestionar el País con garantía de gobernabilidad.










