

En buena medida, la lucha de la mujer por conquistar una posición de igualdad económica, social y política a lo largo de la historia constituye uno de los aspectos más trascendentes en la evolución de las sociedades de todos los países a lo largo de los siglos.
Con el impulso que la revolución industrial brindó al desarrollo de las fuerzas productivas, la incorporación de la mujer al mundo del trabajo fue un factor de primer orden en la lucha contra de la discriminación y el yugo del género femenino.
Así, en los últimos doscientos años, aunque en un grado desigual en las diversas zonas del planeta, las mujeres han conseguido, a costa de enormes luchas y esfuerzos, un protagonismo creciente en la sociedad, incorporando al privilegio de ser madres un lugar en la construcción económica y en el desarrollo social.
Argentina, a pesar de sus apenas 200 años de historia, ha mostrado también el ejemplo de valerosas mujeres en la lucha del género por la igualdad en todos los terrenos. Desde luchadoras libertarias como Juana Azurduy o Manuela Pedraza, pasando por feministas avanzadas para su época como Alicia Moreau de Justo, la mujer argentina fue ganando una participación y un lugar en la historia nacional.
El punto más alto en esa larga marcha hacia la igualdad y hacia el reconocimiento del valor de lo femenino fue, sin dudas, la ejemplar obra de Eva Perón. Una obra que hizo trascender su nombre y su lucha a escala mundial, a pesar de que dentro del país los Torquemada de la época ofendían su memoria, intentando mancillarla e incluso borrarla durante más de dos décadas.
Su devoción por los humildes, sus esfuerzos por elevar a la mujer y ponerla en pie de igualdad social con el hombre, dejó como uno de sus principales logros el derecho al voto femenino. Una conquista de gran calado y que marcó para siempre el cambio de época iniciado en el país en 1945.
En esta línea de irrefrenable ascenso del papel de las mujeres en la historia nacional debe inscribirse, sin lugar a ninguna duda, el valiente, extraordinario y, por años, solitario combate librado por las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Sobreponiéndose al estado de devastación moral y anímica de sus esposos, esas mujeres dieron uno de los mayores ejemplos universales de resistencia y entrega para exigir justicia y verdad.
Por ellas, como antes y hoy por la figura y la labor histórica de Eva Perón, Argentina es conocida y respetada en el mundo. Por sus ejemplos de entereza y firmeza en la defensa de la justicia social y la igualdad han marcado y marcan un camino para acrecentar las conquistas de la mujer en la sociedad.
Y a la luz de estos descollantes ejemplos de mujeres que han sabido hacer la Historia de nuestro país, hoy también debemos enorgullecernos de tener al frente del Estado a otra mujer a quien le ha tocado lidiar con la peor crisis económica desde la Gran Depresión de la década de 1930.
Una mujer que inspirada en la herencia nacional que acabamos de evocar, no claudica y se enfrenta a quienes con falsos argumentos pretenden negarle al pueblo argentino una mejor calidad de vida y una sociedad más justa. La Historia muestra y mostrará nuevamente que, frente mujeres excepcionales, los adversarios malintencionados siempre pierden.










