

La sociedad argentina no se merecía la angustia colectiva y la sensación de inseguridad e indefensión a la que fue expuesta por la incapacidad de dar respuestas en tiempo y forma de los gobiernos nacional y de la Ciudad ante los acontecimientos vinculados a la toma del Parque Indoamericano. Sus colaterales las muertes, la violencia, las tomas de barrios, cortes de calles y rutas, la movilización de vecinos defendiendo su territorio y sus derechos, punteros políticos intentando llevar agua para su molino en un marco violento y carente de Estado no son más que el indicador de que debajo de los índices de crecimiento económico y de ordenamientos funcionales de la Ciudad se esconde un fuerte debe de lo que aún queda por hacer. Y no solo en relación a las políticas públicas, que de suyo es mucho, sino también en términos institucionales y de madurez política. Mientras dos gobiernos se peleaban por defender sus índices de popularidad y discutían sobre la inmigración y sobre derechos humanos, la televisión mostraba escenas de salvajismo pocas veces vistas a pocas cuadras de la Plaza de Mayo Con ausencia total de fuerza pública por incapacidad operativa de la Metropolitana y por temor del gobierno nacional de que la Policía Federal se continuara excediendo, y encarar las cosas como si todo fuera una operación política en su contra.
La lectura sobre cual será el veredicto final de la opinión pública aún no está del todo clara. Para ello deberíamos tener la seguridad de que no habrá nuevos brotes de violencia ni que continúe la saga. Pero si algo está claro en estos momentos es que ambos son señalados como responsables de lo que sucedió, tanto en términos operativos como en relación a las causas profundas del drama social. La falta de soluciones de fondo a la situación de las villas de la Capital, la marginalidad y a la pobreza que ronda al rea Metropolitana más allá de lo que pretende el Indec, están a la vista. La opinión pública si hay algo que condena es la falsedad de las cosas, y ambos gobiernos en alguna medida vienen fatigando la comunicación institucional, cometiendo el error de la sobredimensión de la propia obra. El gobierno nacional haciendo gala del proceso de avances en las políticas distributivas y de equidad social. El gobierno de la Ciudad haciendo gala de que era el indicado para hacer cumplir la ley, velar por la seguridad de los vecinos y demostrar que un gobierno de centroderecha también tenía en cuenta a el sur de la ciudad. Ambos demostraron que no todo es como lo cuentan y que falta aún mucho para hacer. Que punteros políticos hayan intentado sacar partido, ya sea para generar sensación de caos o para obtener prebendas políticas, no hace obviar la existencia del problema en sí mismo.
No es casualidad que en nuestro último sondeo de opinión se atribuya la toma de terrenos de los últimos días a las políticas de ambos.
La creación del ministerio de seguridad por parte de Cristina parece ser una señal positiva de que por fin el Gobierno ha decidido tener en cuenta un problema que aparece prioritario en todos los sondeos. Mientras la inseguridad más allá de sus causas va de la mano de la delincuencia, la sensación de inseguridad va de la mano de la falta de confianza en las instituciones encargadas del orden público y de impartir Justicia. Dos cosas que desde la percepción ciudadana están ausentes. Ardua tarea será la de reconstruir la confianza en ellas.










