Una historia que tiene 6.000 años

El árbol de olivo (olea europaea l.) es originario de Oriente Medio y tiene más de 6.000 años. Con su tronco torcido, copa ancha y ramosa, llega a ser centenario. Su producción comienza a los 8 o 9 años, se estabiliza a los 35 o 40 y empieza a decrecer a partir de los 80 años. Su fruto, cuando se destina a aceite, se recolecta maduro, mientras que debe cosecharse verde para el consumo de mesa. Su cultivo para aceite comenzó en Creta entre el 5000 y el 3500 a.C, y Egipto fue la primera civilización que lo extrajo por procedimientos mecánicos naturales, como los usados hoy. En Grecia, el cultivo alcanzó gran importancia en el siglo IV a.C., al punto de que Solón reguló su plantación por decreto. Roma heredó esta actividad y, según la tradición, Rómulo y Remo vieron la primera luz bajo las ramas de un olivo. En España, la difusión del cultivo creció durante los ocho siglos de civilización hispano-árabe. De hecho, los vocablos castellanos de aceituna o aceite tienen raíz árabe; la palabra española aceite proviene del árabe al-zait, que significa jugo de aceituna. Con la Conquista, los ibéricos llevaron el olivo a América. Hoy el país que más olivos posee es España –unos 300 millones de árboles–, que ocupa el primer puesto en el ranking de producción mundial (800.000 tn al año) y es también el primer exportador.



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