EE.UU. consolida su recuperación

La economía estadounidense creció un 7,2% en el tercer trimestre del año, una suba vertiginosa que no se observaba desde el primer trimestre de 1984. El principal artífice del despegue de la primera economía mundial es el consumo privado, que aumentó un 6,6%. Un repunte debido, en gran medida, a los estímulos fiscales concedidos por la administración Bush el pasado verano y el consiguiente incremento de las rentas familiares. Más allá de este acicate coyuntural para el gasto de los hogares, que supone dos tercios del PIB nacional, y del mayor protagonismo del gasto público –especialmente en Defensa–, se aprecian algunos indicios inequívocos de que el patrón de crecimiento de la economía estadounidense exhibe un mayor equilibrio, lo que le permite consolidar la recuperación iniciada hace unos meses.

Después de las trece rebajas de tasas de interés aprobadas por la Reserva Federal desde enero de 2001, la reactivación de la inversión empresarial en bienes de equipo es un hecho; el crecimiento de la construcción constata que el sector residencial sigue fuerte y el sector exterior, con un aumento de las exportaciones del 9,3%, recoge los frutos de la política de dólar débil instaurada por el Gobierno a finales del pasado año con el objeto de impulsar la reactivación. Para completar este escenario favorable, los riesgos de deflación se atenúan, el deflactor del PIB sube hasta el 1,7% desde el 1% anterior.

No obstante, la cuestión del desempleo sigue siendo uno de los puntos débiles de la actual administración. Desde que Bush asumió la presidencia, la desocupación aumentó de 4,1% al 6,1% y según un informe difundido el miércoles, la cantidad de recortes de puestos de trabajo en las empresas estadounidenses creció 125% en octubre con relación a septiembre, y desde comienzos del año ya superó la barrera del millón. La falta de nuevas contrataciones se debe, entre otras razones, a que las empresas necesitan menos empleados por los avances tecnológicos y el aumento de la productividad del trabajo, y hasta ahora no hay señales claras de que esa tendencia se vaya a revertir.

También resulta preocupante que la administración Bush no haya previsto estrategia alguna para sanear las finanzas públicas. Según cálculos oficiales, el gigantesco déficit presupuestario superará los 500.000 millones de dólares en 2004.

Si el desajuste no se corrige, puede provocar una subida de tipos de interés a largo plazo que frene la recuperación.

Además, la depreciación del dólar ha intensificado el desequilibrio comercial y el déficit corriente de EE.UU. La principal inquietud de algunos analistas es que ese déficit está financiado en gran medida por los países asiáticos, y que si éstos decidieran que los bonos del Tesoro no son una buena inversión, podrían desencadenar una devaluación precipitada y desordenada del dólar.

Con todo, debe decirse que el ciclo económico en los Estados Unidos funciona razonablemente bien, y otras incertidumbres como éstas han ocurrido en el pasado y han sido superadas con éxito.



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