Cuba: las sanciones no generan cambios

De todas las sanciones contra el gobierno del presidente Fidel Castro, la prohibición de viajar a Cuba que pesa sobre los ciudadanos estadounidenses siempre ha sido una de las más difíciles de justificar. Actuando con sensatez, los legisladores de ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos han votado por dar por terminada la financiación necesaria para hacer cumplir la prohibición. El presidente George W. Bush debe resistir la tentación de ejercer el veto.

Hay buenas razones para eliminar la restricción de viajar a Cuba. En primer lugar, no es efectiva y es costoso hacerla cumplir. Miles de estadounidenses visitan Cuba todos los años, ingresando de manera ilegal vía Jamaica, México o las Bahamas.

Segundo, la política de Estados Unidos no es coherente. ¿Si los nativos de ese país pueden visitar Corea del Norte –que es un estado más represivo desde cualquier punto de vista–, por qué no habría de permitírseles visitar Cuba? De todos modos, miles de cubano-estadounidenses pueden visitar la isla y las remesas (por alrededor de 1.000 millones de dólares anuales) que envían a sus familias son la mayor fuente de divisas extranjeras del gobierno cubano.

Pero sobre todo, la prohibición debe levantarse porque, como otras sanciones económicas, no dio resultado. La libertad política en Cuba está tan restringida como siempre y la represión de este año contra opositores, periodistas y activistas de los derechos humanos fue la más grave en más de una década.

Por otra parte, la prohibición –al igual que el resto del embargo de Estados Unidos contra Cuba–confunde el debate interno sobre las verdaderas causas de los profundos problemas económicos de la isla. En particular, la negativa del gobierno a permitir que las pequeñas empresas operen con mayor libertad contribuye en gran medida a las dificultades cotidianas. Pero muchos cubanos continúan apoyando a Castro porque creen, erróneamente, que el embargo es la principal causa de los problemas. Levantar la prohibición de viajar y otras sanciones hará más difícil para Castro justificar sus restricciones.

Además, las sanciones son una de las razones por las cuales la Unión Europea, Estados Unidos y otros países desarrollados no han logrado un enfoque común que les permita ejercer presión de manera más concertada en el tema de los abusos contra los derechos humanos en Cuba.

Bush debería aceptar la decisión del Congreso y avanzar para eliminar las sanciones en otras áreas. Desafortunadamente, esto parece improbable. El 10 de este mes el presidente estadounidense confirmó su apoyo a la prohibición y es probable que los grupos cubano-estadounidenses de lobby lo presionen para que mantenga su posición. Bush puede pensar que el veto será positivo para su campaña por la reelección pero no es la mejor manera de promover el cambio democrático en Cuba. Las sanciones han fracasado durante más de cuatro décadas. Es hora de probar algo nuevo.