Aerolíneas de EE.UU. se fusionan por el crudo

En enero de 2007, Gerald Grinstein, CEO de Delta Air Lines, frente a los senadores de Estados Unidos denunció la oferta hostil de compra por parte de US Airways. Según él, se trataba de una operación “anticompetitiva que conduciría a una alza en los precios de los pasajes y una menor cantidad de rutas.

Un año después, el sucesor de Grinstein, Richard Anderson, pidió al directorio su apoyo para fusionar la aerolínea con alguno de sus dos rivales, Northwest Airlines y United Airlines. Cualquier acuerdo brindaría a la nueva compañía un impresionante alcance global, una mejora financiera y oportunidades para subir los precios de los pasajes y eliminar las rutas menos rentables.

Lo que cambió en estos últimos 13 meses fue el petróleo a $ 100. En aquel entonces estaba a sólo u$s 55. El índice Amex Airline cayó 36% en 2007 debido al temor de que las aerolíneas pierdan dinero.

Para las operadoras estadounidenses, que consumen 19.000 millones de galones de combustible por año, el aumento amenaza con poner fin a la recuperación de una industria castigada a principios de esta década por los atentados terroristas y la recesión. Si la desaceleración económica de Estados Unidos comienza a minar la demanda de viajes aéreos este año, no será fácil para las líneas aéreas trasladar sus mayores costos de combustible a sus clientes con aumentos de las tarifas aéreas.

Además, las aerolíneas estadounidenses más grandes pronto enfrentarán mayor competencia en los vuelos internacionales, porque los acuerdos de cielos abiertos desbloquean rutas.

La confluencia de estos desafíos llevó a los ejecutivos del sector a salir a bolsa, a suavizar su oposición a las fusiones, y a recapturar la imaginación de los inversores que opinan que este realmente podría ser el año en que las aerolíneas concreten las fusiones que siempre parecieron tan prometedoras.