¿A qué partido favorece la desaceleración económica?

Como dentro de cada partido no hay grandes desacuerdos en temas económicos, cuando la opción sea entre demócratas o republicanos _el partido de mayor gasto, aumentos en los impuestos y más regulación; o el partido de impuestos más bajos, recortes en el gasto y desregulación_ la economía dominará la agenda. Y cuando lo haga, no sólo la economía influenciará la campaña, sino que la campaña influenciará la economía.

Con la aprobación de la propuesta de estímulo fiscal se acabó el espíritu de colaboración entre partidos en materia económica. La medida, aunque es mejor que nada, se tomó torpemente, ya que sus partes con mejor relación costo/efectividad (como la extensión de la ayuda para los desempleados) fueron dejadas de lado por insistencia de los republicanos.

Los recientes recortes en las tasas de interés de la Reserva Federal van a ayudar, pero parece que la crisis del crédito sigue profundizándose, con lo que las tasas más bajas pueden resultar menos efectivas de lo que la Fed espera. Si la desaceleración se convierte en recesión _o si eso ya ocurrió_ y ésta amenaza con durar más que las últimas recesiones, los desacuerdos en temas económicos entre partidos serán más apremiantes y tendrán mayores consecuencias.

Sin embargo, es menos claro de lo que parece determinar a qué partido beneficiará la desaceleración. Es cierto que debilita la postura del actual gobierno, que aseguraba estar incentivando el crecimiento y el espíritu emprendedor. Esto no ayudará a John McCain, el presunto nominado republicano, quien comprometió a mantener los impuestos bajos y a dejar permanentes los recortes fiscales del presidente George W. Bush (que expiran en 2010). Pero las exuberantes promesas demócratas de dar marcha atrás en esos recortes y todavía más, para pagar por una serie de nuevos programas de gasto, pueden resultar intranquilizadoras para un electorado que teme por sus puestos de trabajo.

Hay que recordar que un tema central en los recortes de Bush fue bajar los impuestos que se pagaban sobre dividendos y ganancias de capital, para fomentar la inversión. Los impuestos más altos sobre el capital no parecen la respuesta obvia a una recesión profunda o a una bolsa golpeada.

No ayuda a los republicanos que hasta hace poco McCain bromeara diciendo que no sabía nada de economía. Ahora está trabajando en una nueva postura. Los demócratas, especialmente Hillary Clinton, dicen que saben mucho sobre el tema, y es posible que sepan demasiado. Aún en el actual clima contrario a las empresas, los estadounidenses sospechan de los políticos que proponen dirigir la economía desde Washington. O sea que todavía está por verse cómo

votará la economía.

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