LA TEOR A DE LA ‘DISONANCIA COGNITIVA’ TRATA DE EXPLICARLO

“A mí no me va a pasar : cómo funciona la negación en las crisis financieras

La psicología trata de explicar por qué tantos inversores y ejecutivos estuvieron dispuestos a poner en juego sus ahorros y carreras sabiendo el riesgo que corrían

La última olla que se acaba de destapar en Wall Street con la estafa multimillonaria del más que respetado agente de bolsa Bernard Madoff vuelve a poner el tema sobre el tapete: ¿por qué tanta gente en el sistema financiero estuvo dispuesta a arriesgarlo todo, aún sabiendo que el riesgo que se corría era tan alto? Todos aceptaron correr este riesgo durante los años dorados del boom inmobiliario y financiero de 2004 a 2007. Pero terminó convirtiéndose en una realidad con la crisis subprime que todavía sigue generando su tendal de pérdidas y quiebras en EE.UU., Europa y otras partes del mundo.

Ya se sabe cómo las hipotecas de baja calidad terminaron empaquetadas, junto con otras de mejor rating crediticio, sirviendo de colaterales a activos que luego se vendieron como pan caliente en gran parte del mundo desarrollado. Y también es conocido el mecanismo por el cual este fabuloso negocio afectó a tanta gente. Pero lo que todavía muchos se preguntan es cómo nadie vio venir el tsunami subprime (o casi nadie, porque ahí está el ejemplo del financista John Paulson, que se hizo millonario apostando a la caída de los mercados). Cómo los inversores, que son generalmente los menos informados (y a veces manipulados por sus propios bancos y asesores financieros), no se dieron cuenta que la rentabilidad ofrecida por estos instrumentos era demasiado alta para ser segura. Cómo tampoco tuvieron en cuenta que las agencias calificadoras, responsables de poner notas AAA a estos activos securitizados, no son 100% objetivas, porque parte de sus ingresos proviene de los mismos emisores de estos activos. Y cómo los operadores y ejecutivos bancarios no percibieron que impulsar la comercialización de estos instrumentos podía acabar con sus carreras profesionales, más allá del lucro de corto plazo.

Por supuesto, lo primero que uno tiende a pensar es en la codicia y el miedo, las dos grandes fuerzas que mueven los mercados. Por lo tanto, se trataría de una codicia desmedida la que impulsó a todos a cometer un casi “suicidio financiero. Pero las investigaciones del Premio Nobel de Economía Georges Akerlof van más allá, ofreciendo como explicación la teoría psicológica de la “disonancia cognitiva . Esta teoría plantea la hipótesis de que cuanto más expuesta al peligro se encuentra una persona, si no hace nada para evitarlo, debe desarrollar la ilusión de que el peligro no es tan grave como forma de negar que está teniendo un comportamiento irracional. Esto se aplica a todos los órdenes de la vida y también a las decisiones de inversión de alto riesgo.

La disonancia cognitiva se entiende muy bien en la Argentina, donde popularmente se cree en el “a mí no me va a pasar . Y si se aplica esta teoría al terreno financiero, sirve para entender por qué tantos prefirieron convencerse de que el peligro no era tan grande antes de que estallara la crisis subprime. Y que los operadores y los ejecutivos de bancos no sólo se sintieran impulsados a actuar de manera peligrosa, sino que además creyeran que estaban haciendo las cosas bien.

“Hay una negación del peligro y de la muerte, de las posibilidades de que las cosas malas ocurran en la vida. Pero tampoco hay que ir a los extremos, porque sin riesgo no hay ganancia, no se hace nada en la vida, porque ni siquiera uno se puede casar sin riesgo , sostuvo la psicoanalista Mercedes Moresco, miembro de la asociación francesa Analyse Freudienne. “Hay que mantenerse en un justo medio, pero tampoco negando todas las posibilidades de lo que pueda pasar. Porque un cierto punto de negación es absolutamente natural y necesario en la vida real. Si desde un primer momento pensáramos que nos vamos a morir, por ahí no haríamos absolutamente nada , agregó la especialista.

Para Moresco, una cosa es arriesgar un capital para obtener una rentabilidad razonable y otra cosa es arriesgarlo a las tasas más altas y más competitivas del mercado. “El problema es que se empezó con poco, igual que con la droga o el juego. Al principio, los resultados parecen buenos, por no decir excelentes, y esto hace que se duplique, triplique o que se lleve a extremos de los que ya no se puede volver. Cuando se transforma en una adicción, va creciendo la negación y se va favoreciendo una sensación de omnipotencia, de creer que uno sabe lo que hace, que controla la situación. Luego se llega al extremo donde la caída es estrepitosa, como en un adicto al juego o a las drogas. Esto es inherente al ser humano , indicó. Cualquier parecido con Bernard Madoff y tantos otros no es una mera casualidad.