

Diego Maradona toma la pelota, deja en el camino a un puñado de ingleses, enseguida desparrama en el piso al arquero Shilton, puntea el balón a la red y al relator Víctor Hugo Morales se le llena la boca de gooool; Manu Ginóbili amaga a dar un pase, debajo del aro pega un saltito y se suspende en el aire para luego meter un doble.
La ovación hacia ambos cracks es inminente y enseguida llueven las calificaciones de todo tipo: genio, qué calidad, una fiesta para los ojos, increíble, es un animal. El "barrilete cósmico" de Victor Hugo es un clásico y el típico "viola las leyes de la física" es el gastado latiguillo que utilizan los relatores de básquet cuando no pueden creer a qué juega la estrella de los Spurs. ¿A semejantes demostraciones deportivas es posible adornarlas de otros adjetivos que no se asocien con el asombro, lo maravilloso, lo sobrenatural y la emoción?
Desde otro punto de vista, alejada un poco de la pasión -pero no tanto-, la ciencia tiene mucho para decir. El periodista científico Martín De Ambrosio, autor del libro El deportista científico-por qué las pelotas no doblan y otras jugadas de laboratorio, le agrega un poco de racionalidad al asunto cuando señala que los deportistas son científicos y tecnólogos involuntariamente.
"Una de las cosas que tiene el hacer, distinto del pensar, es que el pensar es posfacto, ocurre después de que los sucesos transcurren. Nosotros estamos acostumbrados a caminar o atarnos los cordones de las zapatillas sin darnos cuenta de lo difícil que es ese movimiento y lo hacemos sin pensar. Lo mismo pasa con los órganos. Uno no da la orden para que el corazón lata", explica a We. Se refiere a la memoria kinestésica -que significa "movimiento"- que tenemos todos los humanos desde que asomamos la cabeza al mundo. En su libro, apunta que se trata de la posibilidad de recordar cómo hacer un movimiento sin tener que pensar en él. "Los deportistas o los ejecutantes de música, desde muy chicos, aprenden ciertos movimientos y los hacen con naturalidad. Eso les permite tener un dominio corporal", señala.
Lejos de ser un improvisado en el mundo de la divulgación científica, De Ambrosio trabajó 5 años en Futuro, suplemento de ciencias de Página/12 y desde 2005 se desempeña como subeditor de Ciencia, Medicina y Tecnología, en Perfil.
Fanático del fútbol -hincha de Boca irrecuperable-, De Ambrosio asegura que es el deporte más excitante porque tiene más resultados imposibles de predecir. Sin embargo, aclara, bajó la brecha con otros deportes en los últimos años. "El fútbol se ha hecho más predecible", explica. Y ahí nomás suelta un consejo para Estudiantes de La Plata, flamante campeón de América, que en diciembre competirá en Arabia Saudita en el Mundial de Clubes: "El equipo debería viajar con un día de anticipación por cada cambio de huso horario para que los jugadores se vayan aclimatando. El cuerpo está acostumbrado a una serie de ritmos. Durante cada franja horaria hay ciertas cosas que se van repitiendo. Si el día se acorta o se alarga ese desfasaje se siente a nivel hormonal. Las hormonas son las que determinan la elasticidad de nuestros músculos, nuestra espalda, entre otras cosas". we
Ficha
Título: El deportista científico - Por qué las pelotas no doblan y otras jugadas de laboratorio.
Editorial: Siglo XXI.
Género: divulgación científica.
Primera edición: 2009.
Páginas: 123.










